Es hora de darte cuenta que no eres Dios, coño

Tanto tú como yo lo sabemos. Eres tan narcisista que piensas que lo tienes que conseguir todo, que todo se te tiene que dar bien, que puedes exceder en todo. No quieres admitir la realidad: que hay cosas que se te van a dar mal. Muy mal. Igual es que no las has encontrado aún (¿Hacer ganchillo? ¿Fabricar tu propia cerveza artesanal?), o no has querido verlas, pero están ahí. A mí me pasa con cosas. Hay cosas para las que no vales. Y no pasa nada. Aceptarlo permitirá que sobresalgas en las que sí vales, las que te llenan, las que dicen algo de ti.

“Ser perfeccionista no es un defecto, es una putada”.

José (58), mi psicólogo.

Sinceramente, no hay tiempo para ser perfeccionista. Especialmente si además de tu necesidad por exceder en todo tienes también la necesidad de sentirte productivo constantemente. ¡No te va a dar la vida! Créeme, lo he intentado.

Para ser un genio obsesivamente perfeccionista tienes que poder permitírtelo. Kubrick podía permitirse rodar una película en un año, estar horas y horas grabando 90 tomas de Tom Cruise atravesando la misma puerta. Valga decir que falleció ese mismo año sin ver la película estrenarse públicamente. ¿Tu obsesión puede permitirse eso? Tienes que ser consecuente si quieres permitir que perfeccionista sea uno de tus atributos (y si te gusta que te comparen con Kubrick).

La receta del sufrimiento.

Hiperproductividad + perfeccionismo = un perfecto menú de no conseguir hacer todo lo que quieres hacer ni hacerlo tan bien como quieres. Toca aprender a priorizar. Y a veces, cosas tan tontas como salir a cenar con gente o salir a pasear tienen que ser una de tus prioridades. No puedes esconderte bajo una montaña de obligaciones y tareas autoimpuestas.

“Lo mejor que pueda” dentro de mis capacidades y salud mental

Todos tenemos miedo no solo al fracaso, sino a las consecuencias que conllevan. Es difícil aceptar que el fracaso siempre es una opción. No puedes cargarte de objetivos si en cada tarea el nivel de autoexigencia es superior a la media. No puedes machacarte hasta lograrlo todo porque mirarás atrás y no habrá valido la pena. La clave está en buscar la ambición, no el perfeccionismo. Es normal querer hacer las cosas bien, pero hay que concederse fallar de vez en cuando. Hay que aceptar no exceder en todo ni llegar a todo. Hay que permitirse ser una persona completamente normal que a veces sobresale, a veces se hunde y a veces es mediocre.

La maravilla de decir que no

Hay cosas que no son prioridades, aunque nos empeñemos en darles un papel importante en tu vida, ya sea por el miedo al futuro, al fracaso o a cualquier otro de los numerosos miedos que nos impulsan a movernos. A veces, lo que hay que hacer es esforzarse en no esforzarse. Este consejo no se aplica a los vagos, aquellos a los que sí les vendría bien una dosis de estrés de vez en cuando, sino a aquellos que tienen la necesidad de tenerlo todo bajo control, de manipularlo todo.

No, no tienes que desprenderte de toda responsabilidad y compromiso. Es bueno ser exigente, es bueno tener cierto estrés que te lleve hacia delante. Pero no puede ser que el estrés y la ansiedad sean la única forma de movilizarte. Lo que no es bueno es focalizarse tanto en dar un acabado insuperable a todo que te cueste tu salud mental y tu vida privada.

Un cambio de mentalidad

Es mejor tener esperanzas que expectativas. Si tienes la esperanza de que algo salga bien y le das tu todo, estarás satisfecho aunque otros factores alteren el producto. Si tienes la expectación de que algo salga tal y como lo has planeado, lo más probable es que sientas que has fracasado cuando el resultado sea diferente. ¿No es mejor amaestrar a nuestro cerebro y llevarnos sorpresas positivas en vez de negativas?

Cuanto más aceptado tengas que la vas a cagar en esta vida, mucho y de vez en cuando, menos estrés tendrás y disfrutarás más cuando las cosas salgan a tu favor. Por el contrario, no disfrutarás cuando te estés saturando de numerosas tareas imposibles de cumplir, porque estarás más pendiente del próximo fallo que de la nueva victoria. ¿Y si dejamos de ser tan narcisistas y nos permitimos fallar, como el resto de mundanos?