Tarantino, odiado y amado cineasta. ¿Qué tienen sus películas que siempre consiguen llamar la atención y llevar a la gente al cine? Ya sea para bien o para mal, estas siempre logran lo mismo: crear un espectáculo que alimenta su ego, da que hablar y, sobre todo, deja huella para la posteridad. — Con spoilers

Mucho se ha hablado ya del reconocible estilo del director estadounidense Quentin Tarantino. Pero en este artículo, sin pretensión de ser original, tan solo se van a intentar fijar los 10 puntos clave de su filmografía hasta el momento, con el fin de mostrar los rasgos más distintivos de lo que se podría denominar como cine tarantiniano, añadiendo ejemplos de las cintas del propio director para ilustrar lo expuesto.

Estructura literaria por episodios

Aparte de la aparición en pantalla de pies femeninos o planos contrapicados (especialmente desde dentro de un maletero), probablemente una de las cosas que más se reconoce en el cine de Tarantino es la división que hace de sus películas por capítulos, como si el espectador estuviera leyendo un libro. Los ejemplos más claros los vemos en Pulp Fiction (1994) y en Kill Bill vol.1 (2003), donde se demuestra que los capítulos no tienen por qué estar siquiera ordenados; que toda historia cuenta con planteamiento, nudo y desenlace, pero no necesariamente en ese orden. A pesar de ello, al menos tres de sus nueve películas tienen estructura lineal sin episodios: Django: desencadenado (2012), Jackie Brown (1997) y Érase una vez en Hollywood (2019).

La venganza y el respeto a un código de honor como temas recurrentes

Aunque una película trate sobre un romance imposible entre una joven judía y un nazi, la caída en picado de la carrera de un actor de telefilmes a finales de los 60 o de cómo se comportarán ocho desconocidos encerrados por una ventisca en una mercería pocos años después de la guerra de Secesión, siempre hay dos temas recurrentes en la mayoría de historias: la venganza y el respeto a un código de honor. Y no tienen por qué formar parte específicamente de la trama principal, aunque curiosamente tiene dos películas que sí que incluyen ambas en su argumento: Kill Bill vol.1 y Kill Bill vol.2 (2004), cintas en las que se trata específicamente la venganza de una mujer contra quienes intentaron asesinarla. Al mismo tiempo, Tarantino nos muestra los códigos de honor entre vengadora y criminales, como la escena en la que paran de pelear Beatrix y Vernita Green por la llegada de la niña o el ritualismo de la batalla final contra O-Ren Ishii.

Aparte, la venganza la podemos encontrar en Malditos bastardos (2009) cuando Shosanna logra quemar un cine repleto de nazis. O en Érase una vez en Hollywood cuando los integrantes de la Familia Manson deciden asesinar a todas las estrellas que les educaron en la violencia a través de la televisión. Y el respeto a un código de honor en Jackie Brown cuando la cámara se desenfoca para dejar al personaje de Robert Forster llorar a solas y de espaldas, o incluso en el trato de Marcellus Wallace y Butch tras el secuestro en Pulp Fiction. A pesar de estar enterrados bajo capas y capas de narración, estos dos temas están siempre presentes.

Fotograma de Kill Bill vol.1 (2003).

Personajes con vida y profundidad

Por muy despreciables o extravagantes que sean muchos de los personajes que escribe Tarantino, todos, absolutamente todos, sin excepción, tienen un enciclopédico background. Y eso lo podemos notar como espectadores en la calidad de las actuaciones por parte de los actores y actrices. Un ejemplo muy obvio es el de Aldo Raine, interpretado por Brad Pitt, el cual ha contado en más de una ocasión que el director de Tennessee le dio prácticamente otro guion con el pasado de su personaje y un mapa de todas las cicatrices de guerra que tenía en el cuerpo. Y es que, para darle credibilidad a sus personajes, los actores deben saber cómo piensan, cómo suelen actuar y cómo es la vida de estos, pues su pasado construye su presente. Así pues, un nazi puede tener un hijo recién nacido esperándole en casa y una afroamericana pudo haber tenido en su mercería un cartel donde prohibía la entrada a perros y mexicanos, y esos detalles completan la construcción de su personalidad.

Cambio de perspectiva y reescritura de la Historia a favor de narrativa

Tarantino sabe perfectamente que Hitler no murió agujereado como un queso Gruyere en un cine que hacía de cámara de gas para cientos de nazis, pero ese es el mejor final que se le puede dar al dictador alemán sopesando el tono que llevaba la película de Malditos bastardos hasta ese momento. Y es que, al contrario de lo que se le suele exigir normalmente al cine, las películas no tienen por qué ser cien por cien verosímiles. Quentin, tanto con esta cinta como con Django desencadenado y Érase una vez en Hollywood, no pretende exponer un hecho que todo el mundo conoce. Lo que quiere es exponer los finales y hechos que a él, como contador de historias, le hubiese gustado conocer. Como un doble de acción destrozándole la cara a una miembro de la Familia Manson o un negro dándole latigazos a un esclavista. La precisión histórica no juega al mismo juego que el cineasta y, por supuesto, no combina con su estilo.

Fotograma de Malditos Bastardos (2009).

El diálogo como herramienta

Los diálogos y las narraciones en off son el talón de Aquiles de cualquier guionista y, si me apuras, de cualquier película. Un mal uso de alguno de los dos y pecarías de sobrexplicativo y mal escritor o director. Por ello, los famosísimos diálogos de Tarantino poco o nada tienen que ver con la trama de sus películas en la mayoría de ocasiones. Los diálogos en sus películas sirven para situar el mundo creado y presentar a los personajes; incluso para contribuir a la construcción de la trama en el caso de ser necesario.

El mejor ejemplo que se puede poner en esta parte es el de la primera escena de Reservoir Dogs (1992). Una mesa de cafetería redonda y grande con un puñado de hombres en traje sentados charlando después de desayunar. La conversación tanto del Like a Virgin de Madonna o la de si dar propina o no, sirven para presentar la actitud y carácter de todos los personajes, y las dinámicas que existen entre ellos.

3 tipos de violencia gráfica (fuera de parámetros realistas)

La violencia en el cine de Tarantino se puede catalogar en tres tipos: violencia estética (donde prima la belleza de la imagen, como en la lucha de Beatrix contra los 88 maníacos en Kill Bill vol.1), violencia por diversión (que tiene como finalidad únicamente el entretenimiento del espectador, como en la paliza final de Érase una vez en Hollywood) y la violencia deseada o de satisfacción (que hace sentir bien al espectador al verla en pantalla porque estaba deseando verla, como en el final de Django: desencadenado). Y toda esta violencia, por supuesto, sin necesidad de estar sometida a la verosimilitud. Es obvio que en una decapitación la sangre no sale como si fuera un aspersor, pero eso solo son licencias estéticas que se toma el director para hacer más atractiva o entretenida una escena.

Uso de la música como acompañamiento o contexto

La música es imprescindible para una película y la selección musical de las películas de este cineasta son muy conocidas por ser realmente buenas y curiosas. La música tiene un uso narrativo más clásico acompañando las escenas para impregnarlas de genuinas emociones. Pero, en el caso de Quentin, también tienen un uso contextual (para contextualizar temporalmente la película), como en Érase una vez en Hollywood donde también incluyó sintonías de anuncios radiofónicos y voces de locutores de la época. Y un uso de acompañamiento disonante (para crear una confusa mezcla de sensaciones en el espectador), como en la escena en la que el señor Rubio le corta la oreja al policía en Reservoir Dogs. De esta manera, la música es de importancia capital y notablemente reconocible en el cine de este director.

Homenajes, copias y referencias al cine

Quentin Tarantino es famoso por copiar escenas de películas y reversionarlas a su manera. El ladrón de Hollywood, que roba planos y escenas a diestro y siniestro. Y hay que admitir que lo hace tan bien que se les han empezado a llamar homenajes y referencias a dichos “robos”. Pero hay que remarcar algo de gran importancia, y es que Tarantino homenajea no solo al cine más previsiblemente de maestros, sino que también al cine más desconocido y escondido de la Historia. Se podría decir que es la Carmen Martín Gaite del cine, uniendo en su obra referencias a lo culto y a lo popular, y creando a partir de ahí un sello propio y original. Y un ejemplo magnífico de esto es el baile de Mia Wallace y Vincent Vega en Pulp Fiction, que mezcla un baile que se ve en 8 y medio (Fellini, 1963) y pasos de baile de Adam West en la serie de Batman de los 60.

Mezcla de géneros y subgéneros

De acuerdo con el anterior apartado, Tarantino probablemente sea una de las personas vivas que más cine ha visto. Esto le ha permitido sumergirse en distintos géneros y subgéneros cinematográficos a los que normalmente recurre para sacar adelante sus propias cintas, mezclando géneros típicos como el drama romántico o el cine bélico con subgéneros que construyen el sustrato de su filmografía. Por ejemplo: Spaguetti Western (Django: desencadenado y Los odiosos ocho, 2015), Artes Marciales en todas sus variantes (Kill Bill vol.1 y Kill Bill vol.2), Blaxploitation (Jackie Brown), Gángster (Reservoir Dogs y Pulp Fiction), Rape and Revenge (Kill Bill vol.1), Exploitation (Death Proof, 2007), Macaroni Combat o Euro War (Malditos bastardos), Gore (Kill Bill vol.1) o Car Chase Movies (Érase una vez en Hollywood y Death Proof).

Carteles de películas de diversos subgéneros.

Demostración de la ficción por medios técnicos, visuales y sonoros

Así llegamos al que probablemente sea el punto más importante del cine de Quentin Tarantino. Retomando el tema de la verosimilitud, Tarantino se encarga en cada una de sus cintas de que el espectador comprenda que está frente a una película, no frente a la vida real. En filmes como Érase una vez en Hollywood o Death Proof lo hace de manera más explícita metiendo fallos de continuidad a propósito, errores de sonido o cortes de montaje mal hechos que interrumpen conversaciones; incluso ha llegado a incluir un efecto similar al de cómo se quemaría la película durante la proyección. Pero también lo hace de manera más sutil mediante la alteración de la realidad histórica, haciendo uso de la violencia gráfica o haciendo que sus personajes realicen ciertos movimientos que son físicamente improbables, como en Django: desencadenado o Kill Bill vol.1.

Y, con todo esto, lo único que Tarantino nos deja claro es que todo lo que vemos en pantalla nos divierte porque es mentira, una increíble y entretenida mentira. Que el cine no es “la vida a 24 fotogramas por segundo”, como dijo Godard; el cine es un truco de Méliès, una ilusión. Un refugio. El cine es cine. Y la vida va al cine a disfrutar del espectáculo.

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