Todo apunta a que Tender Loving Care (Reino Unido, 2026) será la última película de Mike Leigh, director británico de 83 años que sufre una enfermedad autoinmune. De confirmarse, esta sería una despedida perfecta del cine: no solo por la calidad del filme, sino también por su éxito arrollador en el Festival de San Sebastián. En la Sección Oficial recibió tres premios: la Concha de Oro a Mejor Película, la Concha de Plata a la Mejor Interpretación Protagonista (Kate O’Flynn) y el Premio del Jurado al Mejor Guion. Y no solo eso: también se llevó el Premio Transforma Make & Mark y el Premio Signis. Tras esta acogida en Donostia, Tender Loving Care llegará a los cines españoles el 26 de febrero de 2027. 

Más que plantear una trama convencional, el largometraje se construye a partir de las cautivadoras conversaciones e historias que giran alrededor de dos trabajadoras sociales que viven juntas —Amy (Kate O’Flynn) y Rosie (Alice Bailey Johnson)— y un matrimonio encantador formado por los padres de Amy —interpretados por Marion Bailey y Paul Jesson—. Este cuarteto de actores enamora al espectador por la sensibilidad de sus personajes a la hora de abordar las relaciones interpersonales y los conflictos ajenos y propios —especialmente emotiva es la reunión de todos ellos en la misma habitación mientras cantan The Great Pretender—.

En términos generales, Tender Loving Care se construye a partir de tres tipos de escenas que se entrelazan: los diálogos entre Amy y Rosie que nos descubren una amistad sincera y desinteresada, los encuentros de ambas protagonistas con las personas a las que intentan ayudar sin demasiado éxito y las escenas que transcurren en el interior del hogar de los padres de Amy. De esta manera, el largometraje funciona como una defensa de los cuidados con perspectiva de clase —Leigh lanza una crítica explícita a la falta de recursos públicos en Reino Unido para resolver los problemas de la sociedad—, pero también como una oda a la bondad humana que, sin caer en la idealización, lucha en contra del pesimismo y el individualismo imperante en los tiempos actuales —”Cada uno va a lo suyo”, dice un personaje—. Y lo hace con una hilarante dosis de humor creada a partir de circunstancias concretas y no del chiste fácil.

Imagen de 'Tender Loving Care'
Imagen de Tender Loving Care

La cámara no hace más que incidir en la sensibilidad y emoción con la que está escrito el guion. Así lo ejemplifica el travelling que decide abandonar una habitación para dejar a los protagonistas fuera de plano y otorgarles la intimidad que merece ese momento narrativo. Lo que otros rodarían con grandilocuencia y música a piano para forzar las lágrimas, Leigh decide hacerlo desde la sutileza y el respeto absoluto a sus criaturas. Otro ejemplo es el primer plano del padre de Amy mientras los personajes femeninos interactúan entre sí; un plano que lanza varias preguntas: ¿qué ocurre cuando el resto habla y uno permanece en silencio?, ¿quién necesita más atención? Igual de cerca está grabada la delicada y desgarradora escena donde una amiga en común del matrimonio cuenta por qué se siente culpable de haber roto la relación con su hijo. Porque Tender Loving Care también es un retrato humanista contado a partir de recuerdos y relatos que capturan la importancia de escuchar a los demás como muestra de afecto y cuidado.

La importancia del primer plano en la película todavía va más allá. El montaje empieza y termina con dos imágenes del rostro de una persona mayor sin hogar a la que las instituciones no parecen ser capaces de ofrecer una alternativa. Dos imágenes que dialogan entre sí —de la camilla de un hospital pasamos a la intemperie de la calle— y que demuestran la necesidad de mantener una situación socioeconómica favorable para ser capaz de crear una red de cuidados tan bonita y potente como la que rodea a Amy.

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