La calidad del cine de terror está en declive, pero no todo son malas noticias

El terror es uno de los géneros más variados del cine. Hay tanta variedad de subgéneros que en ocasiones clasificar una película puede convertirse en una ardua tarea. Sin embargo, en la última década la mayoría de las grandes productoras parecen decantarse por obras cada vez más repetitivas, superficiales y similares entre sí. Es por eso que, durante estos últimos años, hemos sido testigos de auténticos insultos a la inteligencia, como La monja y La Maldición de La Llorona, películas totalmente vacías con personajes asépticos con los que es imposible empatizar, cuyo único recurso es el susto fácil y las historias repetitivas.

Pero las películas de este género que más destacan por su mediocridad son las exclusivas de Netflix. Realmente es deplorable la capacidad de esta plataforma para producir semejantes obras, ya que su falta de profundidad es únicamente comparable a la apatía que produce verlas. El ejemplo más claro de estas obras es Puertas abiertas, una película cuyos 94 minutos transcurren como horas atrapado en un potro de tortura.

Fotograma de Puertas Abiertas (2018). FILM INQUIRY

Sin embargo, de entre las malas hierbas, en ocasiones hermosas flores se abren paso. Si bien es cierto que la calidad del cine de terror ha ido bajando gradualmente, en los últimos tiempos se han creado auténticas obras de arte, en ocasiones incomprendidas, como Hereditary (2018), La Autopsia de Jane Doe (2016), o It Follows (2014). Estas películas han sabido sobreponerse a las ansias de comercializar de forma fácil, y en lugar de dirigirse al gran público han optado por tener personalidad y esencia propias.

Pero sin duda, de entre todos los grandes directores y guionistas, es imperativo destacar a Pascal Laugier, director y guionista francés influenciado por grandes cineastas como Tobe Hooper (director de La Matanza de Texas, de 1974). Una de las películas que le hizo ganarse la fama de director fuera de lo común fue Martyrs (2008), una película de terror psicológico y gore cuya violencia gráfica y pesimismo existencial puede llegar a afectar incluso a las personas más fuertes psicológicamente. Se trata de una obra muy bien llevada, con protagonistas de dudosa moralidad y numerosas escenas difíciles de aguantar. Aún así, lo que más huella deja en el espectador es el desenlace, que pone sobre la mesa cuestiones que el ser humano se lleva planteando desde que tiene consciencia, y que está abierto a cientos de interpretaciones distintas.

Portada de Martyrs (2008). FRASESDEPELICULA

Parecía que Pascal había llevado a cabo su Opus Magna, pero 10 años después volvió a revolucionar el cine de terror con otra gran obra: Ghostland. Esta película de puro terror psicológico cuenta con un guion sin agujeros, unos personajes muy bien logrados y una fotografía impecable. La película comienza como un Home Invasion, subgénero que se ha explotado hasta el límite de lo posible, y tras un drástico giro de guion nos sumerge en una historia extremadamente compleja que refleja la fragilidad de la mente humana. Además, las continuas referencias a H. P. Lovecraft hacen que la película sea toda una delicia para cualquier fan del género. Sin duda, una de las mejores películas de la última década.

Evidentemente, es difícil prever hacia qué dirección va a seguir evolucionando el cine de terror. Es posible que los entendidos compartan una visión pesimista de su futuro. Sin embargo, podemos estar seguros de que artistas como Laugier van a seguir sorprendiéndonos con soplos de aire fresco que mantendrán la esencia de este género tan amado por muchos.