Aunque el elemento principal suele ser el instituto, lo curioso es que los dramas juveniles han comenzado a ser educativos hace relativamente poco

Las series y películas para adolescentes siempre suelen tener algo en común: su elemento central es el instituto. Como van a estar dirigidas a un público joven, en su mayoría son protagonizadas por adolescentes (aunque en excepciones como Grease la media de edad rondase los 25). Otra de las claves para un buen drama juvenil es tratar problemas típicos a esas edades ya que, aunque la serie trate de resolver un asesinato, no pueden faltar líos amorosos, futuros académicos inciertos y alarmas ante inminentes expulsiones.

El instituto es ese medio por el que los adolescentes se mueven, es tanto fuente como manifestación de sus problemas. Es innumerable la cantidad de series cuyo punto de encuentro más común es este centro educativo, aunque luego sea un mito eso de estudiar y asistir a clases. Está claro que lo verdaderamente importante ocurre a la entrada, a la salida y en los pasillos.

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Reparto de Élite (2018) en los pasillos del instituto (SUNOTICIERO)

Hemos crecido viendo este tipo de audiovisuales, desde High School Musical y Patito feo hasta Por 13 razonesÉlite o Merlí, pasando por Gossip GirlCambio de clase o incluso Física o química, sin importar el orden. Comedias, dramas, musicales, estadounidenses, españolas, argentinas… da igual su origen o temática, pero lo que está claro es su triunfo asegurado entre los jóvenes.

Para entender la evolución de este género es necesario echar la vista atrás, algo que nos permitirá apreciar cómo han ido cambiando progresivamente este tipo de series. Es innegable que el trato a los adolescentes a lo largo de los años en la televisión ha ido cambiando. La sociedad cambia y con ella, los institutos.

El éxito de estas series reside en que han sabido -unas mejor que otras- recoger múltiples y variados problemas que atormentaban las jóvenes mentes de los estudiantes en la vida real y plasmarlos en la ficción. Este género ha aprendido a perdurar en el tiempo a base de cambios. Al igual que las personas, las series evolucionan con nosotros y afrontan los conflictos y dudas más comunes de cada generación.

Debido a esta evolución, resulta de lo más sencillo ver las diferencias entre una serie de los años 90 y una actual. Para acotar más los años entre unas y otras, vamos a coger como ejemplo dos series televisivas del siglo XXI: Skins (2007 – 2013) y Sex Education (2019 –). Desde la finalización de una y el comienzo de la otra han transcurrido seis años, tiempo más que de sobra para que diferentes generaciones de adolescentes hayan crecido y estén creciendo durante su retransmisión.

Skins fue una serie referente para miles de jóvenes. No era raro que los fans de esta serie acostumbraran a sentirse incomprendidos por el mundo que les rodeaba y que encontraran en los protagonistas a chicos y chicas como ellos con los que sentirse identificados. Las enfermedades mentales, las drogas y el sexo ocupaban un papel protagonista, pero quizá no se trataban de manera del todo correcta. La romantización de enfermedades como la anorexia o la depresión creaba imágenes de chica alternativa, guapa y misteriosa que se aísla del mundo fumando en el tejado y autolesionándose.

Está claro que esta temática es una realidad a la que se enfrentan jóvenes y no tan jóvenes en su día a día. Pero lo que también debería resultar obvio es que hay mejores formas de tratar los trastornos, sin necesidad alguna de que se vean bellos y atrayentes, sino como problemas a los que hay que intentar poner remedio.

Y con esto no quiero decir que Skins fuese una mala serie, nada más lejos de la realidad. Pero, como fan, he de admitir que hubo temas que quizá no se supieron tratar adecuadamente y que, a día de hoy, todo sería muy distinto.

Por otro lado, las series que van saliendo en la actualidad incorporan temáticas como el feminismo, las enfermedades mentales (menos romantizadas) o la educación sexual. Varios ejemplos pueden ser Euphoria o Sex Education. En la primera, pese a su excelente estética (maquillajes, iluminación, etc.), no hacen de la depresión de la protagonista algo atractivo. Ves su sufrimiento y lo último que te apetece es encontrarte en su situación. Sin embargo, en Sex Education se puede apreciar una finalidad didáctica a la vez que de entretenimiento. Los adolescentes que ven esta serie pueden disfrutar del típico drama adolescente mientras que aprenden datos interesantes y necesarios sobre educación sexual. Por desgracia, muchos habrán aprendido más con el contenido de esta serie que en las escasas lecciones de sexualidad impartidas en los institutos.

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Euphoria (2019). SAM LEVINSON (MEDIUM)

Lo que es evidente es que muchos habríamos preferido tener en nuestra temprana adolescencia mejores ejemplos con los que poder enfrentar problemas, dudas y cambios, pero la gran evolución de las series de televisión en apenas diez años deja un gran atisbo de esperanza en la industria.