Si 1 de cada 4 personas padece una enfermedad mental, 4 de cada 4 quiere a alguien con una enfermedad mental. Aprendamos a querer bien a los miembros de nuestra familia, a nuestra pareja y a los amigos que las padecen.

Querer no siempre es fácil. Entre imposiciones de lazos familiares o relaciones de muchos años, perdemos el verdadero sentido de querer a alguien. A veces, querer a alguien es aún más complejo si se trata de una persona con una o varias enfermedades mentales. La inestabilidad emocional, los altibajos, las recaídas y la dependencia son factores que marcan de una intensidad adicional a este tipo de relaciones. ¿Cómo podemos querer bien a una persona con una enfermedad mental? ¿Hasta qué punto involucrarnos? ¿Cuáles son las necesidades?

Cuidar las saludes

La salud física y la salud mental son un binomio imposible de separar. No se puede estar sano sin tener estabilidad psicológica y emocional, y es altamente probable que si no tienes una correcta salud mental se manifiesten síntomas físicos: cansancio, dolores de cabeza e incluso desmayos. Por poner un ejemplo, el estrés de una persona puede llegar a provocar tanto problemas en el sueño (fisiológicos), dolores corporales (físicos), como ataques de ansiedad y de pánico. A su vez, la ansiedad se puede manifestar físicamente con sudores, taquicardias o vómitos. Está todo absolutamente relacionado. Si buscamos estabilizar una situación psicológica, es necesario tener una estabilidad física y la fisiología.

No es por tanto baladí el papel que juegan un ambiente limpio, una dieta equilibrada y un mínimo de movimiento en la salud mental de una persona, aunque indudablemente no es determinante en cuanto a la existencia de una enfermedad mental. Ese es el primer paso en el que puedes ayudar a tu ser querido sin tener que involucrarte de lleno en su tratamiento, tanto por consejo médico o por decisión propia. Mantener su lugar de trabajo y descanso limpio, asegurarse de que come correctamente y ofrecer ir a dar paseos o a hacer ejercicio es una forma esencial de ayudar. Por otro lado, involucrarle para que él mismo sea quien ordene y limpie a su alrededor, a cocinar o hacer ejercicio es más difícil pero pueden ser actividades conjuntas para motivarle a continuar una vez esté solo.

Fotografía de Anastasia Shuraeva
Reasegurar

La inestabilidad emocional hace más difícil diferenciar si es la intuición o la ansiedad quien habla cuando se trata de las inseguridades inherentes en las relaciones de pareja. Al tener una pareja más vulnerable es necesario tener una mayor firmeza y constancia en las reafirmaciones: “no molestas”, “sí quiero estar contigo”, “no eres una carga”, “estoy contigo porque te quiero”.

Esto no se reduce solo a las relaciones de pareja, pero es donde más visible está debido a las inseguridades que de por sí acarrean las relaciones. Una de las más comunes en todos los casos es la sensación de no ser lo suficientemente bueno, tanto como padre, madre, hermano, hijo, pareja o amigo. En trastornos donde encontramos alteración de la realidad como la dismorfia propia de los trastornos alimentarios o las alucinaciones de personas con esquizofrenia, estas afirmaciones a veces pueden parecer un arma de doble filo y son por ello más delicadas.

Fotografía de Polina Zimmerman
Límites a su normalidad

Cuando conoces el recorrido que ha tenido tu ser querido, los baches por los que ha pasado, sus miedos y las acciones que pueden desencadenar episodios típicos de su enfermedad mental, es más fácil comprender su situación y entender que quizá no puedes comparar tu relación con esa persona con la que tienen el resto de personas a su alrededor, pero eso no quiere decir que la base de la relación no deba ser la misma (y no olvidemos que debe ser bidireccional): respeto, confianza y comunicación. Es necesario establecer límites a lo que estás dispuesto a tolerar. En numerosos casos es la enfermedad la que habla, miente y actúa, pero no por ello se le debe desprender de toda responsabilidad al respecto, pues les haríamos un flaco favor. Solo podrán tomar las riendas de su vida una vez se den cuenta de que ellos son los que las sostienen, pero es mediante la interacción con las personas a su alrededor que elegirán cómo tomarlas.

No eres policía

Estar al cuidado de una persona con una o varias enfermedades mentales te hace estar alerta y buscar antes la seguridad que la comodidad. Tanto si eres la pareja, el familiar o la amistad de una persona con una enfermedad mental, una de las cosas más importantes que podrás hacer, y que será clave en su tratamiento y autoestima, es confiar. Es difícil aparcar los propios miedos y la incertidumbre de no saber si tu ser querido irá al baño a lavarse las manos o a hacerse daño, pero si no confías en que se lavará las manos como te ha dicho, lo sabrá y le hará plantearse aún más sus posibilidades.

Dicho esto, no eres su policía, eres su pareja/amistad/familiar y, aunque quieras proteger a tu ser querido, no puedes evitar que el proceso por el que pasa dependa íntegramente de las decisiones que tome. No puedes tomar las decisiones por ella, solo puedes apoyarla.

Fotografía de Andrea Piacquadio
No te olvides de que existes

Cuidar de tu ser querido y sus necesidades no quiere decir que tú no tengas necesidades y no necesites que cuiden de ti. Aunque esto varía en complejidad según la relación que se tenga: no es lo mismo ser los padres, que los hermanos, que los amigos, que la pareja de una persona con una o varias enfermedades mentales.

Estar pendiente de esa persona puede ser agotador y hacer que te olvides de ti, de tus saludes, de tu descanso, de tomarte en cuenta. No dejes que eso pase. No eres capaz de ayudar a alguien si no te encuentras en un lugar desde donde poder tenderle una mano. Por otro lado, hay límites, y no debes culparte si has llegado al tuyo. Ayudar desde la distancia no es dejar de ayudar, y a veces es tu propia salud mental la que te pedirá que tomes distancia de ciertas personas durante un tiempo. Tienes derecho a ello. Incluso cuando crees que no puedes ayudar a alguien, lo único que puedes hacer para seguir ayudando es quererle.