Nos preguntamos qué ha sido del ídolo de masas que tuvo el mundo en sus manos un día, pero que desapareció al siguiente

Hace apenas unos días, volviendo de un largo viaje, sonó en la radio de mi coche una canción que había borrado de mis recuerdos. No porque no me gustase especialmente, o porque tuviera algún trauma relacionado con ella, sino simplemente porque hacía años que no escuchaba nada “relevante” de su artista: Justin Bieber. Y es que ahora voy y, al investigar para este artículo, me entero de que no solo sacó la repetitiva canción de Yummy, sino que ha publicado un disco entero en 2020 llamado Changes. Casi una hora de canciones que han pasado totalmente inadvertidas. Y, mira, yo reconozco no ser un seguidor de Bieber (a decir verdad, nunca lo he sido), pero es que el canadiense era una de esas cosas de las que no podías escapar. Era un valor absoluto, independientemente de si te gustaba o no. Es como decir “yo soy ateo” y creer que eso hace que el concepto de Dios no exista. Pero sigue ahí, y Justin también. Él fue, nos guste o no, la cara de la música pop y comercial durante cerca de una década. Entonces, ¿qué ha pasado con Justin Bieber?

Bueno, todos sabemos que se ha casado y hace un tiempo también descubrimos que sufría de la enfermedad de Lyme, un tipo de bacteria transmitida por una garrapata que produce fiebre, fatiga, sarpullidos… En fin, la cuestión es que, en realidad, no sabemos nada del artista anteriormente conocido como Justin Bieber. Ha desaparecido, ¡pum! bomba de humo, de nuestras vidas. Recuerdo que, hace no más de cinco años, no había día que no se dijese algo sobre él, fuese que había sacado una canción o que estaba a puntito de entrar en la cárcel. Pero ahora escuchar su nombre es como ese viejo recuerdo amargo que se nos atraviesa cuando vivimos algo familiar y doloroso. Y es que ahora Justin no es ningún valor absoluto, sino una nueva expresión del nihilismo.

¿La culpa es suya? Poco después del álbum Purpose (2015), desapareció. ¿Se lo merece por abandonar a sus fans? ¿Lo hizo para limpiar su imagen después de tantos escándalos? Spoiler: NO. Lo único que hizo Justin Bieber fue, en términos prácticos, mandarlo todo y a todos a la mierda. Y, si alguien en este planeta tiene derecho a hacer eso, ese es Justin Bieber. Este muchacho dejó de ser persona para convertirse en producto a los 15 años. Se convirtió en la persona con más seguidores en Twitter en un suspiro. Se ganó el afecto de millones de personas alrededor del globo; y también se convirtió en el objeto de las mofas más crueles de otros tantos. No era ni mayor de edad y tenía a un millar de paparazzi siguiéndole por la calle. ¿Realmente hay alguien al que le pueda sorprender que se dedicase a estrellar Ferraris? Quiero decir, yo habría comprado cohetes a escala del Apolo XI y me hubiera puesto a lanzarlos a países al azar.

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Ficha policial de Justin Bieber. (Dade Country)

Justin, no obstante, no es ni el primero ni el único. Si lo he escogido a él, ha sido únicamente porque me parece el ejemplo más reciente y con el que hemos crecido los jóvenes de esta década. Pero desde luego nadie olvida la foto de Britney Spears con aires de Voldemort o las movidas que One Direction tuvo que soportar, supuestamente, por presiones de su discográfica, que terminaron con el fin de la banda; la que, por cierto, había desaparecido del mapa también como grupo hasta el mes pasado, en el 10º aniversario de su nacimiento. “Pero los 1D han sacado música en solitario”. Sí, es verdad, y menos mal. Solo hay que escuchar un par de canciones del grupo en conjunto y luego de Harry Styles en solitario para dar gracias al cielo porque se separasen. Y no lo digo en cuanto a calidad (bueno, un poco sí), sino referido a que, escuchando Harry Styles (2017) y Fine Line (2019), escuchamos a Harry Styles, al estilo que él quiere hacer, y no al que le empuja nadie a cantar en un grupo compacto en que solo destaca por lo mismo que el resto: ser guapo.

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Britney rompiendo la ventana de un coche. (X17 Online)

La industria del pop comercial no crea artistas, crea productos de consumo. Es, más o menos, como el camello del barrio, solo que en vez de cocaína vende chic@s atractivos y explotados para que los estrujes aún más. El único problema con el que tiene que lidiar la industria del pop en occidente es que, por suerte o por desgracia, est@s muchachit@s siguen siendo personas individuales y terminan hasta las narices. Ángel Gómez-Lobo (@angeltastico) y yo compartimos una teoría que defiende que las boybands coreanas son a lo que aspira llegar el pop occidental. ¿Habéis visto BTS? Son el ejemplo perfecto. Muñecos sin alma; chicos tan explotados y antinaturales que son el Ken perfecto para nuestra Barbie. Modelados para ser consumibles. Joder, es que no hay uno feo. Ni un grano tienen, ni una pestaña mal puesta.

¿Por qué nadie habla(ba) de Justin o de 1D (hasta hace dos días)? Porque están esencialmente muertos. No queda nada de ellos. Solo un vago recuerdo, porque ya hemos chupado cada gota que nos han servido. Hemos comprado sus posters o los hemos puesto a caldo entre amigos porque tenían que formar parte de nuestras vidas. Esa era la idea: convertirlos en valor absoluto. Pero el pop actual es efímero. Lo siento, pero dentro de diez años nadie se acordará de ellos. ¿Es una pena? Sí, y ojalá me equivoque, pero es que hasta ellos han acabado hartos de nosotros. Espero que dentro de diez años Justin haya sido capaz de salir de la esfera de control de las grandes discográficas y haya podido hacer algo más de su estilo, como Harry, y no de lo impuesto por el mercado. ¿Lo voy a escuchar? Quizá. ¿Me gustará? No me atreveré a decir que no, aunque sea posible. Pero ¿y qué? Ya no será Justin BieberTM, sino, simplemente, lo que él quiera ser. Justin BieberTM habrá muerto y con él habrá caído una pieza más del sistema.