A pesar de todos los aspectos negativos relacionados con las redes sociales, carece de sentido tratarlas como ciencia ficción o universos paralelos

Separar “la vida real” de las redes sociales es un acto muy habitual que pone en peligro la representación exacta de la sociedad actual. Por muy virtuales que sean aplicaciones como Twitter o Instagram, todo lo que ocurre en ellas es completamente real y tiene consecuencias reales. Puede que hablar con alguien por redes sociales sea menos “personal” que hacerlo cara a cara, pero no por ello es menos real. Que se lo digan a todas las parejas o amistades que han surgido a raíz de estos medios digitales.

La posibilidad de conocer personas nuevas con intereses parecidos a los tuyos o de entretener para desconectar un rato son algunas ventajas de las redes sociales que, al mismo tiempo, pueden acarrear grandes problemas. Por ejemplo, los filtros de Instagram pueden provocar dismorfia y afectar a la salud mental de los usuarios, que también corren el riesgo de hacerse adictos al móvil o de sufrir amenazas y acoso por parte de perfiles anónimos.

Se podría redactar una gran lista de problemas, pero estos son solo tres aspectos negativos que, además, tienen semejanzas con otros dilemas de “la vida real”. Los filtros se pueden sustituir por el exceso de edición fotográfica de modelos en revistas, la adicción al móvil por las drogas o el acoso online por el bullying en los colegios. Lo peor es que estos problemas, lejos de haber desparecido, han multiplicado su campo de actuación con las redes sociales.

Es importante recordar que todo esto forma parte de la realidad social hoy en día, tenga lugar a través de una pantalla o a pie de calle. Incluso los perfiles en redes sociales de bots o cuentas falsas tienen su lado real. No hay que olvidar que su existencia depende de seres humanos que los pongan en funcionamiento con un propósito concreto, que puede ser tan inofensivo como publicar todos los días el mismo chiste o puede difundir información falsa para beneficiar a un partido político en unas elecciones, como ocurrió en España con el Partido Popular en 2019.

De esta forma, la propaganda tan utilizada por los nazis en Alemania antes de Internet ha llegado a las redes sociales en forma de cuentas falsas, aunque también es posible manipular e influir en la opinión pública a través de perfiles psicológicos creados a partir de los datos que depositan los usuarios en redes como Facebook. Así actuó, por ejemplo, la empresa Cambridge Analytica en 2016 para beneficiar a Donald Trump en las elecciones estadounidenses o reforzar el apoyo al Brexit en la votación de Reino Unido, tal y como explica El Orden Mundial en su libro El mundo no es como crees (que en una de sus páginas establece la distinción entre “la vida real” y las redes sociales que critica este artículo).

Representación de Facebook según el proyecto ‘Once Appon A Time’ de Luli Kibudi.

Cuidado con las burbujas

En general, las redes sociales sumergen a los internautas en pequeñas “burbujas de realidad” donde les aparecen mensajes y opiniones con las que suelen estar de acuerdo. Sin embargo, esto no tendría que ser un problema si el usuario en cuestión es plenamente consciente de que esta burbuja no es una representación general de la realidad, pero prefiere leer reflexiones relacionadas con sus gustos y preocupaciones o interactuar con personas afines a él. En ciertos casos, esa burbuja virtual se puede relacionar con la burbuja del día a día donde casi siempre estás en contacto con las mismas personas en tu tiempo libre, el trabajo, el centro educativo…

Además, por mucho que el individualismo de los algoritmos beneficie la creación de esta especie de aislamiento, es una falacia considerarlo una “burbuja de pensamiento único”, pues es (prácticamente) imposible que dos personas tengan la misma opinión sobre todos los temas o problemas que plantea el día a día. Aun así, los usuarios de redes sociales deben mantener una actitud crítica y dudar de la información que encuentren en ellas, aunque las fake news (noticias falsas) que tanto mencionan en la televisión ya existían mucho antes de la aparición de Internet. Si son un problema que repercute en la vida real, entonces todo lo que ocurre en las redes sociales donde se difunden esas mentiras también es real, aunque a veces parezca el argumento de una película de ciencia ficción.