Por Ángel Gómez-Lobo y Alejandro Hortal Jiménez 

Os traemos otra entrega de rock y de guitarreo contemporáneo 

Hace un mes, en Discordia recopilamos 10 álbumes imprescindibles para disfrutar del rock de la última década. Aunque se trataba de un buen repaso, es imposible abarcar una escena tan prolífica en un solo artículo, y muchos grandes exponentes del género se quedaron fuera. Hoy, traemos una segunda parte de aquel listado para que pongas a tus oídos a trabajar, esta vez con una perspectiva más amplia de lo que es el rock. Sí, también tenemos una playlist actualizada. 

Opposites de Biffy Clyro (2013) 

Cuando hablamos de post-grunge, nos suelen venir a la cabeza el conjunto de Nickelbacks y demás clones edulcorados de Nirvana que tanto abundaron allá por inicios del 2000 y que tanto nos hicieron creer que el grunge realmente está muerto. Sin embargo, los hermanos Johnson y Simon Neil rompieron moldes y experimentaron con el sonido distorsionado del grunge para llevarlo a otras latitudes en los discos de Biffy Clyro. Si algo podemos encontrar en las obras del grupo escocés es frescura y originalidad, presente tanto en las texturas de las canciones como en sus juguetonas guitarras y en sus complejas estructuras, que muy a menudo construyen temas bastante complejos técnicamente. 

Opposites es un gran ejemplo de la madurez del grupo, pues en su hora y cuarto de duración tiene presentes todos los elementos citados anteriormente. El LP es post-grunge, es rock alternativo y es rock de estadio: una joya difícil de clasificar para introducirse en la obra de uno de los grupos de rock que en mejor forma se encuentran actualmente. 

MELOPHOBIA de Cage the Elephant (2013)

Si en algo es prolífico el mundo del rock del siglo XXI es la cantidad de diferentes bandas alternativas que, siguiendo los pasos de los grandes introductores del género como Muse Radiohead, han encontrado en su música una forma de investigar caminos excelsos en sus melodías. Cage the Elephant representa la ola más joven del alt-rock, que salta desde ruidosas guitarras estilo garage y voces rasposas a sonidos psicodélicos y baladas sopesadas. Canciones que no dudan en dudar de sí mismas y cambiar con maestría del galope al paso o al trote. Una investigación enfermiza de la música en su propia naturaleza.

MELOPHOBIA tiene un poco de Radiohead, y mucho de Cage the Elephant. Canciones que podrían perfectamente aparecer en el antológico Pablo Honey de la banda británica, no exenta de letras cargadas de mensajes filosóficos y espaciales. Todos los temas se disfrutan como únicos, porque no hay dos que suenen igual en este disco. Un viaje de emociones abstractas como abstracta es su portada.

Land of Pleasure de Sticky Fingers (2014)

Todos conocemos a Bob Marley y lo que este cantautor hizo con su reggae. Algún día, muchos hablarán de Sticky Fingers como los renovadores del estilo. Esta banda australiana de reggae fusion ha transmutado la música jamaicana con los sonidos envolventes de teclados electrónicos, voces a tope de reverb y guitarras distorsionadas, sin quitarle ni una pizca de protagonismo al ritmo de sus bajos. Gracias a ello, volvió a lanzar al género a lo más alto de las listas. 

En su segundo álbum de estudio, Sticky Fingers repite la fórmula que los hizo únicos en el disco anterior. Su capacidad de mezclar ritmos y melodías propias de distintos géneros facilita que sus temas sean, no solo pegadizos, sino también con una producción para envidiar. Land of Pleasure es una extraña pero agradable forma de ver el mundo. Es un disco para escuchar, en la que cada canción se adapta a ti para darte una emoción diferente, un placer sistemático para tu cuerpo y mente.

Listen de The Kooks (2014)

Si en la anterior entrega de este artículo hablábamos de los éxitos de Arctic Monkeys o The Strokes, la tercera pata de la música indie no podía faltar en este número. Si bien The Kooks puede parecer un gigante silencioso, su música es inolvidable y fundamental para entender el boom indie británico. Su estilo no es como ninguno que podamos encontrar en la escena independiente, por no decir en general en el mundo de la música; incluso si tenemos en cuenta que cada uno de sus discos suena diferente al anterior. 

Listen es el cuarto álbum de los Kooks y, como cada disco, suena original, fresco y nuevo. Con un balance perfecto entre la euforia y la melancolía, el ritmo de Listen se siente como un corazón vivo y bombeante. Si los Arctic Monkeys y su AM se vuelve puramente garage y es una readaptación del concepto de música de moteros, el disco de The Kooks suena mucho más disco, con guitarras limpias y sonidos más agudos. Son el día y la noche. Un disco hecho de discordantes eventos vitales, de reposo y momentos de euforia contenida, disparada, y vuelta a contenerse. En resumen, un álbum que ningún amante de la música debería perderse. 

IV de Toundra (2015) 

Es imposible hablar del rock de la pasada década sin hacer referencia a la explosión del post-rock que a finales de los 90 propiciaron grupos como Mogwai, Tortoise o Explosions in the Sky. Estamos hablando de una música casi siempre instrumental, que pretende construir, con los instrumentos clásicos de las agrupaciones rock, atmósferas y ambientes muy concretos, a través de acordes tradicionalmente empleados en el jazz y de temas de una longitud considerable. En España, tenemos la suerte de contar con uno de los grupos que conforma la punta de lanza de este género actualmente: los madrileños Toundra, que ya cuentan con seis discos en su haber, se hicieron ampliamente conocidos gracias a este LP instrumental que, sorprendentemente, se convirtió en el año de su lanzamiento en el segundo disco más vendido de nuestro país

El LP cuenta, a lo largo de sus ocho temas, el viaje de dos zorros que huyen del bosque en el que viven tras un terrible incendio. Dejando un poco de lado el aspecto más metal que caracteriza al conjunto madrileño, IV fue el disco más experimental del grupo en el momento de su lanzamiento, y también uno de los más aclamados. Se trata de una de esas obras que se disfrutan más si se degustan en una sola escucha, pues su carácter onírico y cinematográfico nos invitan a perdernos en las sugerentes guitarras y en las calmadas atmósferas que nos presenta Toundra en esta obra maestra. 

Meliora de Ghost (2016) 

El público del rock, y más concretamente del heavy metal, parece sentir una fascinación por los disfraces, por la iconografía satánica y por la provocación estética en general. Prueba de ello es el testigo que Alice Cooper pasó a Marilyn Manson, y que parecen haber heredado los suecos de Ghost, una de las bandas más exitosas y conocidas de los últimos años. El grupo, encabezado entonces por el enigmático Papa Emeritus III, adquirió una gran relevancia con este tercer álbum, que renovaba el sonido del heavy metal más clásico (introduciendo algunos elementos de doomy a la vez ofrecía una propuesta estética cuidadísima y muy lograda en la que los miembros de la banda parecían miembros de una orden satánica. 

Quizá, de no ser por los atuendos de sus miembros y por el halo de misterio que esconde, Ghost no sería lo que es hoy: pero se agradece que en esta época de consumo rápido y singles una banda apueste por un relato y una estética tan amplias y trabajadas, que enriquecen el proyecto tan fantástico que es Ghost. 

The Beautiful Game de Vulfpeck (2016) 

Está bien: Vulfpeck no es un grupo de rock. En sus álbumes no vamos a encontrar guitarras sucias y demoledores solos de batería, pero sí un exquisito cóctel de funk y jazz desenfadado, divertido y, hasta cierto punto, complejo. El talento de los miembros del grupo no va reñido con su espontaneidad y sus ganas de pasárselo bien, experimentando con géneros que en ocasiones pueden parecer cerrados y poco accesibles. The Beautiful Game tiene algunos de los temas más conocidos del grupo, y parece seguir una línea temática relacionada con el deporte y el juego bastante coherente con la filosofía de un grupo que, por encima de todo, se divierte. 

Si bien este es el mejor álbum para comenzar a escuchar a Vulfpeck, el directo que llevaron a cabo en el Madison Square Garden será el que te hará amar a Vulfpeck: delante de miles de personas, los músicos hacen gala de su talento con numerosos invitados y con una puesta de escena única. Se me pone la piel de gallina cada vez que pienso en él. 

Who Built The Moon de Noel Gallagher’s High Flying Birds (2017)

Este tío es un egocéntrico asqueroso, pero es que yo le dejo serlo. Noel Gallagher, porque lo de los Pájaros que Vuelan Alto sobra, es uno de los últimos grandes genios de la composición musical. Él fue Oasis dentro de Oasis. Las reminiscencias de aquello le persiguen en su viaje como solista, aunque cada vez haya intentando más y más huir de ese fantasma. Pero es que este hombre ha encontrado la fórmula de hacer temazos, bajo la misma estructura, con los mismos acordes, pero que todas suenen diferentes. Prueba de ello son la ultraconocida Wonderwall, pero también The Dying of the Light o Dead in the Water.

Con Who Built the Moon, Noel consigue separarse de Oasis. Se sube a un caballo y viaja por la nocturnidad del Desierto del Moháve hasta saltar más allá de las estrellas. El mayor de los Gallagher se envuelve en sonidos electrónicos, a los que añade su colección personal de acordes distorsionados e increíbles melodías para transportarnos más allá de donde imaginamos. Noel hace de su disco una colección de canciones para experimentar con el pasado psicodélico y con el presente electrónico, un medio para transformar su música en un arte conceptual, como conceptuales son los artes plásticos con los que decora sus videoclips y portadas.

Boarding House Reach de Jack White (2018)

Otro buen genio. El antiguo cantante y guitarrista de los White Stripes, ahora como solista, sigue con sus agudos estrambóticos y la misma maestría compositora. Si bien Jack White ya parece café para muy cafeteros, no es por menos accesible. Su música, plagada de reminiscencias al estilo que le dio la fama, no deja de sorprender por la forma de este melómano de jugar con todos sus aspectos, tanto rítmicos como tonales. Lejos queda ya aquel trillado Seven Nation Army, pero no pasa nada: el bueno de Jack tiene nuevos temas para que a uno le dé un empacho.

Boarding Reach House es otra obra maestra repleta de música que solo Jack White sabe hacer. Temas difusos en ese blanco, negro y, ahora en su etapa en solitario, azul, nos regalan canciones plagadas de riffs ultra distorsionados y teclados. Un poco de pasado blusero y un poco de agudos a lo Icky Thump. Un sonido familiar, pero poco ortodoxo y diferente, también a todo lo que nos tenía acostumbrado. Bongos, violines y diálogos de película que sirven para reafirmarse como uno de los mejores compositores de nuestro tiempo. Qué momento más dulce para estar vivo.

Terraformer de Thank You Scientist (2019) 

Si bien el rock progresivo tuvo su auge en la década de los 70 y nunca ha vuelto a alcanzar las misma cotas de popularidad, sí que ha mantenido siempre una cantidad importante de aficionados y de nuevos artistas que lo han ido renovando y manteniéndolo fresco. Thank You Scientist es uno de estos grupos, que frente al machacón prog de agrupaciones como Dream Theater ha decidido andar otra senda y apelar a una sensibilidad quizá más pop sin renunciar a las estructuras complejas y a la experimentación. 

Lo más interesante de Terraformer, y del sonido de Thank You Scientist, es que todos los instrumentos están subordinados al sonido de la banda completa, en la que incluso la voz del cantante funciona como un complemento al atractivo saxofón que tantas notas de color agrega a Terraformer. 

Why me? Why not. de Liam Gallagher (2019)

En los 90, Oasis lo reventó todo. El grupo de los hermanos Gallagher y su britpop logró revolucionar el mundo del rock europeo, mientras Nirvana y su grunge hacía temblar los cimientos de los Estados Unidos. 20 años después de constantes peleas con su hermano y de que el mundo se olvidase de él tras la ruptura definitiva de Oasis en 2009, Liam Gallagher dio su paso adelante y, sorprendentemente, le salió bien. A diferencia de Noel, Liam siguió la estela del sonido Oasis, aunque modernizándolo un poco. Guitarras limpias y distorsionadas, junto a melodías pegadizas y agradables al oído. 

Su segundo álbum en solitario Why me? Why not. fue un soplo de aire fresco en su carrera, que mejoraba los aspectos más negativos de su título anterior As You Were (que seguía siendo un buen álbum, aun así). En este disco, Liam se supera como compositor y logra, levemente, distanciarse de la alargada sombra que proyectaba el verdadero compositor de los Gallagher. Su voz única es historia de la música de las últimas décadas y se queda con todo el protagonismo, pero esta vez los instrumentos que la acompañan ganan importancia y le dan una verdadera sensación de banda, más allá de su imagen de vocalista egocéntrico. Riffs pegadizos, arreglos de piano y solos cortos pero muy melódicos hacen del último disco del británico una verdadera maravilla musical que transmite un rollo muy alegre.

Aquí tienes la playlist actualizada de grandes discos de la década de 2010. ¡Ayúdanos a completarla comentándonos cuáles son tus álbumes recientes favoritos! 

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