Las redes sociales han dado un vuelco a nuestro mantra “no news is good news, pero sigue siendo verdad

Antes, si no sabíamos de alguien en meses era porque estaba bien. Lo que en un principio parece un mantra para convencerse a uno mismo era una realidad. Las noticias trágicas volaban y eran las únicas por las que valía la pena enviar un telegrama o hacer una llamada transatlántica. De esta forma, la ignorancia solo significaba felicidad (o, al menos, salud).

En la inmensidad de las redes sociales, donde estamos bombardeados por millones de mensajes de “estoy feliz con mi familia”, “riéndome con amigos” o “de viaje romántico en Menorca”, creemos saber ya cómo está la gente. Sabemos de qué humor se levantan, qué lugares frecuentan felizmente o si se han peleado con la pareja. Si no publican contenido en un tiempo o tardan en contestarnos, en seguida nos preocupamos. Auspiciado por el FOMO, sospechamos que les puede haber pasado algo y que seremos los últimos en enterarnos. Como si las noticias malas no corrieran como la pólvora en redes sociales.

Las publicaciones de nuestros conocidos en sus perfiles sociales han hecho que obviemos el contacto directo. Consideramos saber cómo están nuestros amigos por ver con quién, cómo y dónde pasa el día. Si nuestra madre nos pregunta “¿qué ha sido de tu amigo Pablo?”, le contestaremos con la última pieza de información que tenemos: su paradero de vacaciones o su nuevo puesto de trabajo. Quizá a alguno le pique la curiosidad y decida, realmente, hablar con Pablo a ver cómo está realmente, y no dónde.

Creemos que porque alguien esté en la playa está feliz (aunque la piña colada ayudará un mínimo). Del mismo modo, solemos creer que cuando alguien no publica algo es porque está mal, cuando me atrevo a decir que, generalmente, es al contrario. Tengo varios conocidos que solo publican en sus perfiles de redes sociales cuando están mal. De esta forma, se aseguran de sentirse menos solos y más entretenidos, recibiendo amor y cariño en forma de likes. Puede que esta no sea la mentalidad de la mayoría de gente (aunque me resisto a pensarlo), pero definitivamente es la de una gran cantidad de gente.

Solo si reflexionamos podemos considerar que hoy en día la falta de noticias sea en realidad buenas noticias. Hay personas que se eliminan perfiles de redes sociales para dejar de llevar esa “doble vida”, que desconectan durante meses y que incluso les da pereza. Son raros, pero existen. Está claro que con las redes sociales y las aplicaciones de mensaje instantáneo no hay excusa para perder el contacto, pero tampoco debe ser una obligación para mantenerlo en todo momento.

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