¿Consumimos los productos culturales de forma ansiosa? ¿Qué es Goodreads y qué tiene que ver con los hábitos de consumo literarios?

Hace unos años que apunto los libros que termino de leer en una lista en mi teléfono móvil y, al final del año, la paso a una libreta. El hecho de apuntar los libros que iba leyendo hizo que mi ritmo de lectura aumentara porque era consciente de cuánto leía en realidad. Pese a que retomé un buen hábito, es cierto que en ocasiones sentía que leía con mayor ansia. 

El año pasado descubrí la aplicación Goodreads, una red social para lectores. Los usuarios comparten qué están leyendo, opiniones sobre lo que ya han leído y qué les gustaría leer. Me pareció interesante descargarme esta aplicación ya que la lectura puede ser algo solitaria, sobre todo si en tu entorno no encuentras muchas personas que tengan el mismo gusto por los libros. Me resultó la mejor forma de conocer nuevas lecturas, saber qué leen personas que admiro o qué opinan los lectores de algunas de las obras que quiero leerme.

Reto de lectura

La opción que ofrece la aplicación que más llamó mi atención al principio fue la del reading challenge (“reto de lectura”). Aquí los usuarios que quieren participar establecen los libros que les gustaría leer en un año; la aplicación te permite llevar un recuento de los libros que lees y genera un ritmo de lectura a seguir. Si por alguna razón lees más de lo establecido, la aplicación te indica que vas uno, dos o diez libros por delante de lo establecido para alcanzar tu objetivo. Sin embargo, si te retrasas de ese calendario, la aplicación te indicará que vas uno, dos o diez libros por detrás de tu meta.

Algo que parece inocente, una barra que representa el porcentaje de libros leídos para llegar al objetivo establecido, puede convertirse en una obsesión por el “cuanto más mejor”, este miedo infinito a perdernos algo y la sensación de que lo que has leído tampoco lo has disfrutado porque estabas pensando en lo siguiente que ibas a leer. El hecho de cuantificar de esta manera numérica las lecturas puede hacer que sean más rápidas e insustanciales y, asimismo, tener la sensación de que no se lee lo suficiente. Siempre va a haber un libro que no hayamos leído sobre el que “todo el mundo” esté hablando. 

La voracidad del consumo

Tengo la sensación de que en el ámbito de los libros está comenzando a suceder lo mismo que en otros campos culturales, como puede ser el mundo audiovisual; el consumo de libros quizá se esté empezando a hacer de manera ansiosa. Las posibilidades de conocimiento y de lecturas son infinitas: no se puede abarcar todo, no se puede saber de todo. Aunque este pensamiento puede parecer obvio, en algunos casos, de manera inconsciente, nos fustigamos por no llegar a los estándares imposibles que nos imponemos. Si no pensamos sobre nuestras formas de consumo cultural, acabaremos convertidos en almas insaciables que consumen todos los productos culturales con voracidad, sin reposo ni espacio para la reflexión. Los lectores que sentimos que nunca leemos lo suficiente aunque leamos, quizá tenemos que empezar a ser conscientes de que la lectura es un momento de pausa, reflexión, disfrute y aprendizaje.

No voy a reivindicar leer menos, pero sí tomar consciencia de que la lectura tiene que ser compatible con lo cotidiano. Las personas cuyos trabajos están relacionados con el mundo de los libros o de la literatura van a poder leer más que el resto de los mortales. La vida puede ser precaria y no siempre tenemos tiempo; hay que ser cuidadosos con nosotros mismos, no caer en la culpa y saber que, en general, se hace lo que se puede. Por ejemplo, si vemos a nuestro booktuber favorito hablar de los 20 libros que se ha leído este mes y nos entra una envidia terrible, tenemos que saber que no todo el mundo se puede leer 20 o tres o un libro en un mes, quizá nosotros tampoco. 

La influencia de Amazon en Goodreads

Amazon compró Goodreads en 2013. La influencia de la empresa estadounidense ha afectado en la forma en la que la aplicación recomienda libros a los usuarios. Lo hace según los gustos, pero también según las listas de libros más vendido en la propia web. Así, Amazon, la librería más grande del mundo, controla los datos sobre los gustos de los usuarios y hace de cebo para todos aquellos lectores que quieran comprar libros online. Además, otro punto negativo de esta red social es que no escapa de propiciar la comparación entre usuarios y, en algunos casos, comentarios en reseñas basados en el odio y en las descalificaciones. Aun así, Goodreads no es del todo el responsable último de estas nuevas dinámicas de consumo, aunque las promueva. 

Pese a que lo humano esté presente en esta aplicación, como es natural, y a pesar de que me haya llevado a reflexionar sobre los hábitos de consumo y de lectura de nuestro tiempo y cómo nos hacen sentir, esta red social puede ser utilizada para conocer lecturas y ver por qué página de Cumbres borrascosas va tu mejor amiga, por ejemplo.

En caso de que queramos establecer una meta, no sería ninguna locura plantearse que no pasa nada si no llegamos al objetivo preestablecido. La literatura es una ventana, no un muro contra el que darnos cabezazos. Contra este sistema que nos grita que tenemos que ser productivos, hacer muchas cosas muy rápido y consumir sin control, la lectura no puede ser un mecanismo más para hacernos sentir mal por no cumplir unos objetivos. La literatura debe ser una vía de escape, un lugar al que acudir para aprender o para disfrutar. La lectura no es un pretexto más del capitalismo para decirnos que no somos suficientes.

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