En un rincón de la capital, de cuyo nombre no alcanzo a recordar…

En apenas 400 metros, la calle Ercilla reúne cuatro escuelas de teatro alternativas. Ubicada entre los centros culturales de la Tabacalera y el Matadero, esta vía de Madrid ha aparecido en la primera temporada de la exitosa serie La casa de papel (2017), pero su mayor atractivo reside en la oferta cultural. No obstante, Ercilla no está sola en este aspecto, pues varias calles alrededor albergan dos teatros más y otros espacios artísticos.

Lo cierto es que esta concentración ha sido producto de la casualidad. Todas ellas abrieron sus puertas de forma independiente por la disponibilidad del local o motivos económicos, pero algunas han terminado agrupándose en la Asociación Artycular con otros espacios de arte y cultura del distrito de Arganzuela. Por otro lado, la mayoría de estas salas reciben subvenciones “para el desarrollo de sus actividades”. En el caso de Cuarta Pared, obtuvo casi 200.000 euros entre las aportaciones de la Comunidad de Madrid, el Ayuntamiento o el Ministerio de Cultura.

Con 25 años de experiencia, esta sala apuesta “por procesos creativos a largo plazo frente a proyectos efímeros de mero interés económico”. Fue la primera en hacerse un hueco en la calle Ercilla cuando decidieron trasladarse desde Lavapiés y, como todas las demás, tiene un aforo de aproximadamente 60 espectadores con obras para toda la familia. En especial, el cartel de Cuarta Pared incorpora espectáculos de su propia compañía y otras exteriores que suelen añadir danza a su programación, la cual reúne a 35.000 personas cada temporada. Por otra parte, tienen unos mil estudiantes entre la escuela interna con cursos para todas las edades y las actividades extraescolares que realizan.

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Decoración del teatro Lagrada. DIEGO SIMÓN

Justo en frente se encuentra Lagrada desde que abrió sus puertas en el año 2000. Su director, Miguel Torres, quiso invertir tiempo y dinero en un proyecto que priorizara la cercanía con el espectador: “Creé la sala por la necesidad de tener un espacio para poder mostrar los trabajos teatrales propios y ajenos ante la dificultad de realizarlos en teatros convencionales“. De esta forma, también explota su faceta como profesor con distintas clases de interpretación para que sus alumnos aprehendan: “Muy pocos actores pueden dedicarse solamente al teatro, pero eso no quiere decir que no sean profesionales, al contrario, les permite elegir un texto que les apetezca independientemente de su posible rentabilidad”.

Por otro lado, Miguel asegura que el elevado número de escuelas en la zona crea cierta competencia, aunque como salas con diferentes obras se retroalimentan. Además, la mayoría dispone de cafeterías dentro del propio recinto teatral o en otros locales cercanos que llaman la atención del público. Este es el caso de La Encina Teatro, que abrió el Bandoneón Bar próximo a su sala con una estética vintage y ambientado con tangos en diciembre del año pasado.

Los dueños de este teatro trajeron una obra desde Uruguay y decidieron quedarse en España para crear un sala única en el número 15 de la calle Ercilla, que antes era una fábrica de vidrio abandonada y diáfana. Se trata de un proyecto autogestionado y sin subvenciones que desde 2017 sirve de puente cultural entre Madrid y ciudades latinoamericanas como Buenos Aires o Montevideo. En la actualidad, el equipo del teatro está preparando la obra El escritor y el elefante del uruguayo Joaquín DHoldan, inspirada en los últimos momentos del dramaturgo Horacio Quiroga.

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La Encina Teatro prepara la obra El escritor y el elefante. DIEGO SIMÓN

Al final de la calle se encuentra desde 2013 PLOT POINT, una empresa familiar con 19 años de experiencia como escuela y compañía de teatro. Esta sala entiende la producción de obras artísticas como una puerta abierta hacia el debate de temas “que difícilmente aparezcan en los medios”. Además, rechaza cualquier tipo de etiqueta y busca “la inclusión de propuestas, tendencias, compañías y la integración de personas con discapacidad en las artes vivas”. Con un claro componente social y educativo, su cartelera se compone de obras como Las negras de Shakespeare para adultos o Quijote para los más pequeños.

Más allá de Ercilla

En la calle Moratines, perpendicular a la protagonista, se sitúa el Estudio 2 del prestigioso actor español Manuel Galiana, conocido entre otras cosas por su papel en Escenas de matrimonio (2007). Su compañía, Martes Teatro, lleva activa desde 2006, pero no fue hasta siete años más tarde cuando se instalaron en el barrio de Embajadores. La sala se describe como “un espacio abierto a la investigación teatral cuya finalidad es la de crear y trabajar en una línea fija de personajes sólidos, plasmados en textos muy estudiados y escogidos”. En este caso, el calendario de actuaciones incluye obras durante largos periodos de tiempo. Así ocurre con Baile de huesos (2010), que desde su reestreno en 2013 sigue formando parte de la programación del Estudio 2.

El último teatro en llegar al barrio ha sido Calambur, una escuela de improvisación en la calle Martín de Vargas (paralela a Ercilla) con tres salas que pueden alquilarse para clases, ensayos o eventos. Entre los cursos que tienen disponibles se encuentra la impro deportiva, gestual, musical o teatral, aunque también se encargan de crear espectáculos y eventos para empresas o particulares como gymkanas o cluedos.

Este movimiento de salas alternativas en España se inició en los años 90 en favor de la investigación y expresión artística. Como los espacios de la calle Ercilla hay decenas de teatros repartidos por todo el país cuya labor merece reconocimiento y admiración. No dejemos de vivir este arte en primera persona.