Hoy por hoy admiramos las obras de artistas catalogados referentes, ya sea como pioneros o por el virtuosismo de su creación. Sin embargo, este reconocimiento no implica que en vida lo disfrutaran, ya pudo ser por el estilo de vida que llevaron, un adelanto a su época que producía el rechazo de aquellos que no comprendían el significado u otros motivos que causaron que la riqueza de su obra la disfrutaran aquellos que no fueron partícipes de ella.

En el arte también existe la hipocresía: la aprobación la tiene el público, un día dirán que no vale nada y otro pagarán millones por presumir de esas obras en su salón. Hoy en día museos, monumentos y obras clásicas son uno de los pilares de nuestra cultura; en cambio, ser artista ya augura un camino difícil, muchos se quedan en el intento, otros viven de la crítica y unos pocos gozan del aplauso del público. ¿Por qué no valorar ese talento cuando aún puede ilustrarnos con más? Estos tres artistas llevaron consigo la pasión por su profesión y a su vez la llama que les consumió: 

Vincent van Gogh

Un claro ejemplo de reconocimiento tras su muerte es el pintor neerlandés Vincent van Gogh (1853-1890). Entre sus obras más emblemáticas se encuentran La noche estrellada (1889), Los girasoles (1888), El dormitorio en Arlés (1888) o sus autorretratos. El valor de sus cuadros asciende a millones de euros; sin embargo, durante su vida logró vender un escaso número sus obras —El viñedo rojo (1888) fue una de ellas, adquirido por la pintora belga Anna Boch—.  Él fue uno de los iniciadores del postimpresionismo: pinceladas sinuosas, colores vivos y llamativos y representaciones cotidianas que ya no buscaban ser fieles a la realidad, sino que pasaban el filtro de la perspectiva del autor, pero esto no fue suficiente para los críticos. Su tendencia solitaria y su enfermedad mental le llevaron al sufrimiento. Fue amigo de varios pintores de la época —Paul Gauguin, Anton Mauve, Anthon Van Rappard— pero su gran apoyo fue su hermano Theo, que le ayudó tanto económicamente como personalmente. 

Autorretrato (1889). VINCENT VAN GOGH (WIKIMEDIA COMMONS)

“No puedo cambiar el hecho de que mis cuadros no se vendan. Sin embargo, el tiempo hará que la gente reconozca que mis cuadros valen más que el valor de las pinturas utilizadas en él – Vincent Van Gogh

Edgar Allan Poe 

El escritor estadounidense Edgar Allan Poe (1809-1849), muy reconocido por sus cuentos de terror, tampoco tuvo una vida fácil, y el alcohol y las drogas acrecentaron su locura. Él sin duda marcará un antes y un después en la novela gótica y será el precursor de la novela detectivesca con Los crímenes de la calle Morgue (1841). Poe dará comienzo a este tipo de relatos, inspirando a escritores como Lovecraft o a Arthur Conan Doyle para el personaje de Sherlock Holmes, que tomó de base al detective ficticio de Poe, Chevalier Auguste Dupin. Aunque algunas de sus obras sí fueron publicadas y recibieron cierto éxito, como El cuervo (1845), nunca obtuvo el reconocimiento suficiente, ganándose enemigos por sus críticas excesivas en una sociedad americana que no estaba a favor de sus relatos oscuros con referencias a la locura. 

Edgar Allan Poe (1849) (WIKIMEDIA COMMONS)

“La ciencia no nos ha enseñado aún si la locura es o no lo más sublime de la inteligencia”- Edgar Allan Poe

Franz Schubert 

Franz Peter Schubert (1797-1828), compositor austriaco, fue una de las figuras claves del lied para piano y voz y del Romanticismo musical predecesor de Ludwig Van Beethoven, así como una de sus grandes inspiraciones, como se refleja en su repertorio. Sin embargo, tuvo que enfrentarse a su padre para seguir su camino como compositor, y aun siendo un innovador necesitó la ayuda económica de amigos al no ser suficiente la fuente de ingresos por parte de la música. Sus obras solo eran interpretadas en ámbitos muy reducidos con sus amigos, surgiendo incluso el término schubertiada en 1821 para denominar este tipo de recitales que organizaban. Tras su muerte, sus obras, muchas de ellas incompletas, salieron a la luz y fueron reconocidas por músicos e interpretadas, como una de las más conocidas, Sinfonía inacabada (1822). Su vida también estuvo marcada por cierta melancolía y sus últimos años por la enfermedad. 

Retrato de Franz Schubert (1875). WILHELM AUGUST RIEDER (WIKIMEDIA COMMONS)

“Cuando todas las esperanzas del reconocimiento u honor son distantes, cuando la pureza del corazón resuelve el dolor de la mente, cuando todo el mundo parece caminar ciegamente; solamente ahí se entiende la pasión” – Franz Schubert 

Nacieron en épocas diferentes y formaron parte de disciplinas distintas, pero los tres sufrieron el rechazo a sus obras y el ensalzamiento de su figura cuando ya no pudieron verlo. Su entrega al arte no se vio ensombrecida por el juicio de aquellos que no lo comprendían.