Comienza la segunda etapa de nuestro viaje a través de las melodías que nos emocionan y que hacen de nuestra tristeza y nuestro dolor algo (un poco) más bonito. Si acabas de llegar, ¿a qué esperas para leer la primera parte?. Ahora, prepara un gran bote de helado por si te entra el bajón y abre tus oídos.

Jazz in a sentimental mood

El jazz es uno de los géneros musicales que más rápidamente obtuvo popularidad y aceptación entre las masas. Desde finales del siglo XIX, un gran número de músicos ha expresado los más variados sentimientos al ritmo del swing, acompañados de complicados ritmos de batería y de intensos solos de trompeta o saxofón. Al igual que la música rock, el jazz toma muchas de sus estructuras del blues y del ragtime, un género que combinaba algunas características de las marchas que tocaban las bandas europeas y el ritmo sincopado que caracteriza gran parte de la música africana. La tipología y la historia del jazz es muy amplia, y aunque asociemos este género musical con las ajetreadas salas de fiesta de los años 20, también encontramos un buen puñado de jazzman tristones que compusieron canciones que han pasado a la historia.

Cabe destacar que los mayores exponentes de este género eran miembros de la comunidad afroamericana estadounidense, y que por ello, pese a gozar en ocasiones de una gran popularidad, sufrieron las consecuencias del racismo vigente en los Estados Unidos. El pianista de jazz Don Shirley (1927-2013) vivió una gran cantidad de situaciones complicadas, fruto de la discriminación racial, durante sus giras por el sur del país, que se narran en la película ganadora del premio Óscar Green Book (2018) de Peter John Farrelly.

In a sentimental mood de John Coltrane y Duke Ellington, Blue in green de Miles Davis, My melancholy baby de Charlie Parker y Dizzy Gillespie, Almost blue de Chet Baker, I ain’t got nobody de Louis Armstrong o Desafinado de Joao Gilberto y Stan Getz (que más bien es bossa nova) son solo unos pocos de tantos temas de jazz que tratan temas como la melancolía o el desamor.

Si en el jazz el protagonismo lo tenían principalmente los instrumentos, no tenemos que ignorar la desolación que pueden transmitir las voces de grandes cantantes de baladas como Frank Sinatra, Charles Aznavour o Elvis Presley en sus momentos más sensibleros.

La evasión sesentera

La música popular sufrió una revolución con la popularización de una nueva generación de músicos de rock que construirían un nuevo sonido a partir del rock and roll y el rockabilly que tan apegado estaba al blues. Los Beatles, los Rolling Stones, los Who, los Kinks o los Beach Boys fueron piezas fundamentales a la hora de extender el influjo del rock entre los jóvenes de la época. Aunque estos grupos, como cualquier artista, trataron temas sentimentales en sus canciones, las agrupaciones inmediatamente posteriores que bien bebían del espíritu psicodélico y hippie del festival de Woodstock (The Jimi Hendrix Experience, Santana, Cream, Grateful Dead) o que bien se alinearon a favor de la experiencia ruidosa y agresiva del heavy metal (Black Sabbath, Deep Purple) dejaron algo de lado la clásica temática juvenil sobre corazones rotos para experimentar con una nueva lírica más amplia que abordase temas que hasta el momento apenas se habían tratado en la música popular.

Esta “rebelión” contra la tradición que la música popular había seguido hasta el momento encaja a la perfección con el espíritu rebelde, provocador y optimista de la juventud de finales de los 60 y principios 70. Por ello, más que recrearse en la tristeza, los grupos de rock de la época se preocuparon por la búsqueda de experiencias nuevas, siendo las drogas un tema recurrente (Purple Haze de Jimi Hendrix, White Rabbit de Jefferson Airplane) o bien comenzaron a incluir temáticas inusuales ( Iron Man de Black Sabbath, Riders on the storm de The Doors, Inmigrant Song de Led Zeppelin). En la década de los 70, además, se publicaron grandes álbumes conceptuales, sobre todo en el ámbito del rock progresivo. Algunos de estos álbumes destinados a contar historias que tuvieron una gran influencia son Close to the edge (1972) de Yes, The Dark Side of the Moon (1973) de Pink Floyd, Lark’s tongues in Aspic (1973) de King Crimson.

El lacrimoso “glam”

Llegaron los años 80 y, con ellos, una nueva primavera para la música pop. Mientras que Bonnie Tyler y Cindy Lauper conmovían a toda la juventud en 1983 con sus hits Total Eclipse of Heart y Time after time, el rock y el metal (que adoptaron las melenas cardadas y el prefijo glam) parecieron sensibilizarse. El rockero machote y borracho, que tiene su arquetipo en figuras como Mick Jagger y Brian Johnson, dejaba que su corazoncito se asomase de vez en cuando en alguna apasionada power ballad (sin que ello afectase a su reputación de malote y borracho). ¡Cuántos suspiros tuvo que arrancar Jon Bon Jovi con I’ll Be There For You (1988)! Estas power ballads ochenteras, interpretadas por grupos que acostumbraban a componer pesados riffs acompañados de solos de guitarra técnicamente complejos, en muchas ocasiones surgieron por la iniciativa de los productores, que querían explotar un poco más el fenómeno del glam metal. Algunas de estas baladas son Home sweet home (1981) de Motley Crüe, Every rose has it’s thorn (1988) de Poison y I remember you de Skid Row (1989).

Mientras que los grupos de glam inundaban estadios con su energía, muchos jóvenes músicos cantaban sus penas de una manera más calmada y discreta (y probablemente más sincera). El denominado post-punk fue una tendencia experimental que surgió a finales de los años 70, dentro de la cual se encuadran un montón de artistas que, tomando como referencia algunos aspectos del punk, trataron de innovar y desarrollar un sonido nuevo que aúnase el rock con otros géneros.

Muchos de estos artistas de post-punk trataron de crear atmósferas oscuras o melancólicas, a las que acompañaban letras que intentaban expresar los sentimientos con una actitud más poética. Dentro de estas tendencia encontramos grupos como Joy Division con temas como Disorder (1979) , The Smiths con Heaven Knows I’m Miserable Now (1984) y, sobre todo, The Cure, que a comienzos de su carrera lanzaron su conocida “trilogía oscura” de álbumes: Seventeen Seconds (1980), Faith (1981) y Pornography (1982) conforman un tríptico de desesperación aderezado con el repetitivo bajo de Simon Gallup y la particular voz de Robert Smith, que bien parecía gritar o sollozar sus crípticas letras.

Con el tiempo, The Cure se desplazaría hacia un sonido más pop que, sin embargo, nunca abandonaría la tónica “feliz-triste” que caracteriza al grupo de Crawley. La obra más aclamada de los de Smith es el álbum Disintegration (1989), considerado como la cumbre creativa de la banda.

El grunge y el pop-punk

Llegamos a los años 90, y con ellos la desesperación juvenil de la Generación X se plasma en la música grunge. Grupos de sobra conocidos como Nirvana, Pearl Jam, Soundgarden o Alice in Chains hacen una música con una raigambre profundamente triste, que, sin embargo, se cubre con una capa de rabia, apatía e ironía que surge de la confusión de una generación desorientada y sin expectativas. Black (1991) de Pearl Jam y Fell on Black Days (1994) de Soundgarden son dos temas en los que se puede entrever claramente el dolor de los compositores.

Si el rock alternativo se volvió más duro y sucio en los 90, el punk siguió una trayectoria opuesta: Dookie (1994) de Green Day no solo fue el álbum que otorgó al grupo una fama mundial, sino que también fue un elemento clave en la configuración del pop-punk que tanto éxito tendría a finales de la década y principios de los 2000. Aunque Dookie fue un punto y aparte en la carrera de Green Day, desde sus inicios el grupo desarrolló un punk melódico que, en lugar de abordar temas sociales, se centraba en los sentimientos y angustias adolescentes del compositor Billie Joe Armstrong. El éxito de Dookie, que fue el primer lanzamiento de la banda con un sello grande como Reprise, introdujo a la banda en el panorama mainstream y al mismo tiempo provocó la repulsa de la comunidad punk californiana hacia el grupo, que ya nunca pudo volver a tocar en los clubes en los que comenzó su carrera.

Blink-182 fue otro grupo pionero en el pop-punk que, pese a poseer una actitud algo más gamberra, ha parido canciones tan emotivas como Adam Song (1999) o I miss you (2003). El pop-punk siguió ejerciendo la defensa del marginado que históricamente el punk había llegado a cabo, pero eliminando casi todo su contenido político. Así, el pop-punk volvía a ser la música del adolescente incomprendido que, en este caso, era el chico menos popular del instituto estadounidense, que nunca conseguía salir con la chica guapa y que pasaba sus tardes haciendo skate. Sum 41, Simple Plan, Paramore, Fall Out Boy, Good Charlotte y otros muchos grupos, con sus diferencias, escribieron canciones sobre todos estos problemas adolescentes, dotándolas siempre de un cierto aire optimista, desenfadado y esperanzador.

Sin embargo, de manera paralela al pop-punk se desarrolló también entre los jóvenes una tendencia musical que en muchos aspectos se asemejaba y se mezclaba con este. La conocida como música emo tuvo su momento de gloria en la primera década del siglo XXI, y entre sus grandes exponentes se encuentran bandas como My Chemical Romance o Three Days Grace. Pero de eso hablaremos en la tercera y última parte de este macro-artículo, en el que también haremos mención al estilo que, en cierto modo, aún mantiene vivo el espíritu emo en nuestros días.