Rusos, perejil y muchas cosas bonitas más dan como resultado No te metas el política; el programa que haría llorar a Fidel Castro

No tenía pensado hacer este artículo, pero a veces uno encuentra en lo recóndito de su cerebro una idea (por mínima que sea) que le atrae mucho más que la que le tocaba escribir. Quizá venga, simplemente, de una mezcla extraña entre la admiración hacia una figura y una también (mal)sana obsesión que, de vez en cuando, nos genera aquello que nos hace reír. Ya que, incluso en tiempos de pandemia, existen perlas que nos sacan una sonrisa por difícil que sea.

La comedia en España gira, casi como si del mismísimo sol se tratase, alrededor de la figura de Andreu Buenafuente. Este master de la risa es, de entre todos los presentadores de televisión, el que más tiempo lleva intentado crear en nuestro país un producto de la calidad de los shows anglo-americanos a los que acuden las grandes personalidades de nuestro tiempo (actores, músicos, políticos…). Con Late Motiv ha logrado su objetivo; y no hay más que ver uno de sus programas para afirmarlo con rotundidad. La maravillosa mezcla entre entrevistas, colaboradores estrella de la altura de Berto Romero o Raúl Cimas (o jóvenes promesas como Miguel Maldonado) y sketches de todo tipo conforman un producto magnífico que poco tiene que envidiarle a Jimmy Fallon o Ellen DeGeneres. Además, Late Motiv apuesta por algo que lleva años resistiéndosele a la televisión española y por lo que Buenafuente ha sido felicitado en muchas ocasiones: la oportunidad a la música en directo. No obstante, no es de Buenafuente de quien vamos a hablar hoy.

Y es que, fuera de la televisión, también hay comedia. Late Motiv y La Resistencia del pachacho de Broncano copan todas las primeras planas, pero si escarbamos un poco más allá, encontraremos una nueva forma de reír. No me refiero a programas de radio como La Vida Moderna, si bien me parece un programa digno de analizar con lupa; pero, un poco más allá de ese generalismo de los medios tradicionales, YouTube nos brinda No te metas en política. Conducido por Facu Díaz (@FacuDiazT) y el ya nombrado Miguel Maldonado (@maltorres), lleva sacándome más de una risa durante estos últimos dos años.

Miguel Maldonado (izquierda) y Facu Díaz (derecha). Fotograma de No te metas en política.

Aunque el formato en teatros terminase en verano del año pasado tras una tercera temporada intensa, el No te metas en política volvió durante la cuarentena para hacer más llevadero el confinamiento. Ahora en formato podcast y desde casa, pero con la misma fuerza que tanto se echaba de menos. Y es que, si somos sinceros, es una comedia para rojos. Es el público objetivo, qué se le va a hacer. El propio título del programa es, en sí mismo, una mofa de una frase que en su día dijo el dictador Francisco Franco. Así que, por ejemplo, cuando aparece el queridísimo personaje de Dimitri Vladivostok en la pantalla con su gorro de plato y sus loas a Stalin, no puedes evitar sonreír. Es como ver un desastre a punto de estallar; un juego arriesgado con la propia legalidad (viendo lo que pasa últimamente en España con cómicos y raperos), pero crítico con toda la actualidad.

No te metas en política es comedia con mensaje, conciencia de clase y, también, que busca la inclusividad. No sigue la estela de otros programas que buscan el jaleo. En una entrevista en el podcast El sentido de la birra con Ricardo Moya, el propio Facu Díaz (FDT para los amigos) expresaba su malestar con el ambiente que a veces se respira en la comedia española. Esa extraña sensación de estar rodeado de hooligans de fútbol que gritan cosas sin sentido y que es poco más que una descarga de testosterona, como si la comedia solo fuese “cosa de tíos”. No te metas en política se esfuerza, aunque sea difícil, por una comedia que no discrimine.

Miguel Maldonado como Dimitri Vladivostok. Fotograma de No te metas en política.

¿Son el futuro de la comedia? La verdad es que es pronto para decir algo así, pero el dúo es un recambio excelente para esas piezas que dentro de la máquina de la risa empiezan a fallar. Facu Díaz logra una buena mezcla entre el respeto y la comedia a la hora de entrevistar a un invitado, mientras que Miguel es una máquina expendedora de chistes a chorro gordo. Lo mismo te entrevistan a Iñigo Segurola (el de la coleta de Bricomanía) que te convencen de que los tunos merecen lo peor que les pase. Aparecen en mitad de lo que parece el fin del mundo; tras haber anunciado que se iban a tomar un largo (y merecido) descanso, solo para alegrar el confinamiento a todos aquellos que necesitan que alguien les saque una risa. Eso, en el fondo, es una buen ejemplo de que No te metas en política es, de facto, una buena razón para reír.

Y es que es curioso, ya que da la casualidad de que, en portugués, ‘perejil’ se dice ‘salsa’. Entonces si, por ejemplo, un día, por lo que sea, estás de vacaciones en Lisboa y vas a un restaurante donde te ofrecen una buena sepia, que quizá esté un poco seca, y por consiguiente necesites algo para que te pase por la garganta, pues puedes pedir una salsa. Pero claro, hay muchas salsas (barbacoa, mayonesa, salsa rosa…), y, si por algún casual dices “oye, pues una salsa de perejil no estaría mal”, tienes que recordar que estás en Portugal, así que debes pedirla en su idioma. Llamas al camarero que, por llamarle de alguna manera, lo conoceremos como Joao, y le quieres pedir salsa de perejil. Pero, como es en portugués, ocurrirá algo muy gracioso, pues se dará una casualidad léxica, casi divina, en la que deberás pedirle… ¿salsa salsa?