Segundo Testamento de JB en contra de la homogenización de la cultura

Parece que fue ayer cuando me autoproclamé un nihilista profeta y anuncié al mundo que Justin Bieber había muerto. ¿Hay algo que me haya hecho cambiar de opinión? ¿O simplemente he decidido dar la vuelta a mis pretenciosas afirmaciones del pasado? ¿Me he arrepentido de mis palabras tan rápido que no he durado ni dos canciones nuevas del artista canadiense? Bueno… lo cierto, en realidad, es que no. Sigo manteniendo todos y cada uno de mis alegatos pseudofilosóficos que ya expuse el pasado artículo porque, sí, Justin Bieber es el Dios que el hombre ha matado en el siglo XXI.

Entonces, Alejandro, ¿a qué viene este titular tan catchy que te gastas? ¿Qué tiene que ver el famoso meme de OK Boomer con el bueno de Justin? Ya que preguntáis, os lo diré, aunque tampoco creo que sea difícil de entender. La cuestión es, posiblemente, simple y aguda, como el dardo de una cerbatana directo al cuello: Justin Bieber ha hecho un OK Boomer a toda una generación de jóvenes pretenciosos. ¿No recordáis aquellos tiempos de infancia en los que ver algo relacionado con este muchacho echaba para atrás a todo aquel que se consideraba como exponente del “buen gusto”? Y no solo Justin, sino cualquier otro símbolo pop de los principios de esta década, como los One Direction y derivados. ¿Y con el reggaetón? ¿Cuántos defensores de la música de verdad, de la cultura, han salido con horcas y antorchas a atacar los ritmos latinos? ¿Cuántos de ellos corren ahora (o correrían, si la situación lo permitiera) a bailar el nuevo tema de Bad Bunny en su discoteca de confianza?

Boomers en busca del nuevo disco de Bad Bunny para aplicarle la pena máxima. Fotograma de Los Simpson, la película (David Silverman, 2007)

En el cine, la música e incluso en gran parte la literatura, toda persona considera que la edad dorada de la creación corresponde sobre todo a aquello que ocurre (y descubre) entre sus 14 y 28 años. Por eso, si viviste a los Beatles de joven, es difícil que entiendas a C. Tangana, aunque existan excepciones. Por suerte, el caso contrario es más raro. Aun así, cuando somos niños, nos avergonzamos de nuestros gustos porque gran parte de los mayores nos empujan a repudiarlos, simplemente porque la idiosincrasia que nace en nuestra generación es radicalmente opuesta a la que ellos vivieron. Temen que esa nueva expresión acabe por completo lo que ellos entienden por cultura. Es entonces cuando nos encontramos con un divertido escenario, donde dos culturas en conflicto conviven juntas en espacio y tiempo: C. Tangana saca canción un día; al siguiente puede hacerlo Raphael.

Generación a generación

Existe una frase inconfundible que retrata esta situación a la perfección: “lo de antes era mejor”. Un especie de mantra que cualquiera que se mueva en círculos de gente que se las da de entendida habrá escuchado inevitablemente. “Nunca se hará una película como 2001: Una odisea en el espacio (Stanley Kubrick, 1969)”. ¿Y qué tiene eso de pesimista? Es para alegrarse que sea así. Si todos los directores hiciesen una y otra vez 2001: Una odisea en el espacio copiando cada plano y cada línea de diálogo, la cultura se estancaría. Yo me alegro de poder ver una peli de Jackass con mis colegas (aunque eso sea la definición más exacta de contracultura que alguien puede atreverse a grabar). Yo quiero leer un artículo en Discordia sobre JoJo’s Bizarre Adventure (Ángel Gómez-Lobo @angeltastico, 2020).

Nadie que se haga llamar amante de la cultura debería desear que todos los discos que salen a la venta fuesen Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (The Beatles, 1967). Aquellos que esgrimen esa frase tan vacía deberían recordar que en 1969 también se terminaba Lions Love de Agnès Varda: la experiencia cinematográfica más infumable de mi vida, que representa todo lo malo que también tuvo (porque no todo fue Truffaut) la Nouvelle vague francesa. Por otro lado, 2019 tuvo Parásitos (Bong Joon-ho) y 2020 tuvo 1917 (Sam Mendes), que son dos obras maravillosas con muy poco (o nada) que reprochar. Y recientemente también tuvo Rifkin’s Festival (Woody Allen, 2020) que, bueno… Woody, estás a tiempo de retirarte, escribir una memoria, comprarte una casa a las afueras de París… No sé, piénsalo. O, al menos, deja de hacer a todos tus personajes iguales, hazme el favor.

Gif de una escena de 1917 (Sam Mendes, 2020)

Cuando digo que Justin nos ha hecho un OK Boomer a todos nosotros es, precisamente, porque creo que cuando nuestra generación era más joven de lo que ya es, fuimos inconscientemente crueles con él. Fuimos empujados a serlo; a considerar a este muchacho como algo culturalmente ínfimo y, sin darnos cuenta, estábamos diciendo que parte de la cultura de nuestra generación era, aparentemente, muy inferior a la de nuestros predecesores. Con el tiempo, muchos de nosotros hemos llegado a aceptar y, en algunos casos, adoptar ciertas canciones u obras de artistas a los que un día criticamos por criticar. El tiempo, por suerte, le ha dado una hostia al boomer que teníamos dentro y lo ha mandado bien lejos.

Pero llegará un día en el que nosotros seamos los que empujen a nuestros hijos e hijas a repudiar aquello que es culturalmente coetáneo a su juventud. Un día nos convertiremos en los boomers que juramos destruir. Nuestra generación, harta de haberse sentido ninguneada por la que la precede, verterá esa frustración sobre los pobres muchachos y muchachas que, a su vez, se comportarán como boomers contra sí mismos y, puntualmente, contra los que les sucederán. Es una rueda sin fin.

¿Es Justin Bieber como artista, pero también como producto, una buena representación de calidad de la cultura de nuestra generación? No sé, no pienso meterme en ese jardín. Pero es parte inevitable de nuestro ADN como grupo heterogéneo de personas cárnicas, coetáneas y pensantes. Aunque te desentiendas de él. Aunque decidas huir lejos de su música y evitarla durante lo que te queda de vida. Da igual si te gusta o si lo repudias; no reniegues de él por creer que es menos cultura que, por ejemplo, David Bowie. Ambos son cultura; y aquí la calidad tiene muy poco que decir. Si trascenderá generaciones o se estancará no se corresponde en nada con este debate. La cuestión, como ya dije en el anterior artículo, es que forma parte de ti. Resucitó al tercer día, y no se irá de ti.