Hoy repasamos cinco títulos que parecen responder, desde puntos de vista muy distintos pero similares, a las mismas inquietudes: a la lucha de clases, a las diferencias sociales y a las implicaciones éticas que se entremezclan en el cine kill the rich.

Los ricos son seres avariciosos, egoístas y groseros, mientras que la pobreza es una cualidad cuasidivina, que si bien concede a los más desfavorecidos una vida azarosa y complicada, también les lleva a desarrollar cualidades tan positivas como la humildad y la generosidad. Estos tópicos, presentes ya en la obra de Aristóteles, reforzados por la moral judeocristiana y vigentes en gran medida hasta el día de hoy, fueron subvertidos por el dramaturgo Jean Genet en su obra de teatro Las criadas (1947). En este texto, para muchos uno de los más importantes del teatro del siglo XX, el autor indaga no tanto en los motivos de la pobreza sino en las implicaciones morales que esta trae consigo, extrayendo una conclusión bastante interesante y original: los ricos no solo acaparan bienes materiales, sino que su posición despreocupada les permite también preocuparse por la belleza y los buenos modos. 

Desde la perspectiva de Genet, la ingenuidad no pertenece a la gente con menos recursos sino a las clases adineradas, sobre todo a los rentistas o a los individuos que se han criado entre algodones, que ejercen la violencia hacia los pobres casi sin darse cuenta, sometiéndoles con el sueldo y con sonrisas cordiales. 50 años después de Las criadas, la laureada Parásitos de Bong Joon-ho recupera en gran medida estos temas y no solo impulsa el cine surcoreano por todo el mundo, sino que también explota estos temas desde una posición que puede parecer ambigua y que, por lo tanto, inquieta tanto a los espectadores más conservadores como a los más progresistas.

El cine kill the rich es sutil en ese aspecto, y al no corear sus consignas puede parecer equidistante cuando, simplemente, es honesto y está libre de paternalismo hacia las clases más bajas. Además, no explora tanto el origen de la falta de recursos (que también) sino que radiografía las características de las distintas clases sociales y analiza las implicaciones éticas de sus acciones, pasando incluso del plano material al psicológico. Cabe destacar también otra convención estética del género: las acciones ultraviolentas que se suelen desatar cuando la presión supera a los propios protagonistas. A continuación, vamos a repasar cinco títulos que representan bien el espíritu de esta corriente. 

1. Match Point (2005) de Woody Allen  

Esta película representa un caso curioso: es, sin duda, una obra cumbre dentro de la filmografía de Woody Allen y, a la vez, es su película menos alleniana. En lugar de jazz y rápidos e ingeniosos diálogos, en Match Point nos encontraremos con un sofisticado thriller que en cierto modo deconstruye el clásico Crimen y castigo (1866) de Dostoievski y lo traslada al mundo de la alta sociedad la elitista ciudad de Nueva York. Chris Wilton, intepretado por Jonathan Rhys-Meyers, es un profesor de tenis que poco a poco consigue introducirse en el seno de una familia pudiente, y que tendrá que enfrentarse a sus propios instintos para huir de una tentación que puede acabar con su acomodada nueva vida. 

Si bien Match Point no cumple la mayoría de las características del kill the rich, merece estar en este listado porque representa de manera interesante a las clases altas, mostrándonos cómo los lazos emocionales y familiares (por encima de los méritos) sostienen en gran medida a las altas fortunas. La película, que nos muestra a individuos elitistas y de alto poder adquisitivo, nos muestra también a personas educadas, simpáticas y generosas, seres “inocentones” que jamás llegan a ser conscientes de las intenciones y los actos oscuros del protagonista de la película, un “nuevo rico” que hará lo que sea para mantener su estatus. Se trata no solo de una gran película, sino también de todo un antecedente espiritual de la corriente sobre la que versa este artículo.

2. Parásitos (2019) de Bong Joon-ho 

Pocas cosas que no se hayan dicho ya sobre la excelente obra de Bong se pueden añadir en las presentes líneas, salvo quizás que este filme que arrasó en los pasados Óscar es el máximo exponente del kill the rich, y el fundador de un discurso cinematográfico que será (y está siendo ya) enormemente influyente. En un país tan competitivo, desigual y ultracapitalista como Corea del Sur, la familia Kim subsiste a duras penas encadenando un trabajo precario tras otro, hasta que Ki-woo, el primogénito, consigue un buen trabajo como profesor de inglés de una estudiante de clase alta. 

Para disfrutar al completo de la película (si no lo has hecho ya, ¿a qué estás esperando?), conviene no conocer mucho más acerca de la trama. En cierto modo, la película toma el testigo de una obra anterior de Bong, Snowpiercer (2013), y desarrolla aún más y de mejor manera su discurso fatalista acerca de la desigualdad y de las clases sociales, presentadas por el director desde una perspectiva profundamente asiática, como dos caras de una misma moneda. Los ricos y los pobres son dos uróboros que se retroalimentan y se fagocitan al mismo tiempo, y que están condenados a convivir en una tensión imposible de resolver. 

3. Bacurau (2019) de Kleber Mendonça Filho y Juliano Dornelles 

La ópera prima de estos realizadores brasileños es una locura que mezcla el cine western con el gore y con la ciencia ficción. Mientras que las otras películas de esta lista nos presentan el conflicto de clases que se da en todas y cada una de las sociedades humanas, Bacurau se aproxima más a las desigualdades que se suceden entre los países ricos y los países del denominado tercer mundo, desarrollando un muy poco sutil (y hasta salvaje) mensaje antiimperialista que nos pondrá los pelos de punta y nos agradará a partes iguales. 

La obra nos traslada hasta el remoto pueblo de Bacurau, una población aislada que aún parece mantener antiguos ritos ancestrales. Los habitantes de este Macondo ultraviolento encarnarán el papel de protagonistas colectivos en la defensa del pueblo frente a una amenaza procedente de regiones más occidentales. Bacurau no es ni mucho menos una obra maestra, pero sí una muestra notable de cómo se pueden construir ambientes originales y buenas historias con un presupuesto reducido.

4. Nuevo orden (2020) de Michel Franco  

Este filme franco-mexicano estrenado el año pasado quizá sea la obra menos comprendida de la lista. Y no es para menos, pues el director Michel Franco apuesta completamente por el shock value descuidando el resto de aspectos de esta película distópica que narra las consecuencias de una revuelta social a gran escala en México. Pese a que los primeros compases de la película son apasionantes, y a que la realización y la fotografía son excelentes, Nuevo orden se pierde completamente en el ecuador de su segundo acto al tratar de presentar una reflexión demasiado críptica sobre el militarismo y el autoritarismo que absorbe el resto de tramas abiertas en la película. El “nuevo orden” presentado en la película no es un régimen popular y rompedor, sino un estado reaccionario que ha constituido el ejército aprovechando el caos que la revolución ha traído consigo. Por ello, parece que en cierto modo la película reproduce con crudeza la tesis del ensayo La doctrina del shock (2007) de la periodista canadiense Naomi Klein, que afirma que no hay mejor momento que las catástrofes para que los gobiernos apliquen medidas antipopulares. 

Como bien han mencionado otros medios, parece que Nuevo orden, más que reflejar una hipótesis verosímil sobre lo que podría suceder tras una revuelta de las clases populares, materializa los miedos de la clase alta mexicana (a la que pertenece el director) en un cocktail de tópicos y prejuicios. Sin embargo, no hay que desmerecer las cualidades cinematográficas de este film (sobre todo durante su primer tramo), que además presenta un discurso, aunque críptico, bastante interesante y debatible

5. Tigre blanco (2021) de Rahmin Bahrani  

Para cerrar la lista llegamos a Tigre blanco, una producción india que nos aproxima a la realidad del enorme país asiático mostrándonos, sin reparos, algunos aspectos poco representados de su sociedad. La película, producida por Netflix, gira en torno a la servidumbre a la que están sometidos millones de indios de casta baja. Y no, no estamos hablando de explotación, sino de servidumbre: el protagonista de la película, un chófer de origen humilde llamado Balram, está unido a sus patrones no solo por su relación laboral, sino por unos lazos de fidelidad que reforzarán la contradicción a la que se enfrenta a lo largo del filme. Precisamente sobre esta contradicción se construye la evolución del personaje, el principal atractivo de la película: ¿puedo ser, aparte de sirviente, amigo de mis amos? ¿O son, por naturaleza, mis enemigos? 

Tigre blanco está basada en una novela best-seller escrita por el periodista Aravind Adiga, y por ello posee también un gran valor documental. Se trata de una alternativa a Slumdog Millionaire (Danny Boyle, 2009) más inquietante e interesante, que ha llamado la atención de la Academia de Cine estadounidense: Tigre blanco competirá en la siguiente gala de los premios Óscar por la estatuilla en la categoría de mejor guion adaptado

Hasta aquí llega el breve repaso a la corriente kill the rich que con tanta fuerza se está imponiendo en los últimos tiempos. ¿Conoces más ejemplos? ¿Qué opinas de este tipo de cine? ¿Estás de acuerdo con su mensaje? 

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