Esta cinta nos demuestra que menos es más y que, en el terreno de los sentimientos, la sencillez y la delicadeza siempre serán una apuesta segura — Con spoilers

Uno de los errores que solemos cometer cuando nos acercamos a un clásico es que solemos juzgarlo y someterlo a un examen en el que para aprobar se debe ajustar a nuestro pensamiento actual. Leer obras de siglos pasados supone, por tanto, entender que demostrar sentimientos no era tan fácil como lo es ahora, si es que podemos decir que desnudar nuestro corazón es sencillo en algún punto.

La adaptación de la obra más conocida de Jane Austen en 2005 por el director Joe Wright se ha convertido en una película de culto. Las interpretaciones de Keira Knightley y Matthew Macfadyen consiguieron plasmar toda la esencia de sus nada fáciles personajes y dejar a crítica y público con la boca abierta. Sin embargo, hay quien opina que el filme se quedó corto por la ausencia de escenas apasionadas. Pero nada más lejos de la realidad. La cinta destila emoción en cada secuencia. ¿Las pruebas? A continuación.

Primera escena: el encuentro

Fotograma de 'Orgullo y prejuicio' (2005) de Joe Wright.
Fotograma de Orgullo y prejuicio (2005) de Joe Wright.

Darcy y Elizabeth se conocen en un baile demasiado concurrido para los gustos refinados del primero. La música se detiene cuando llegan los invitados ilustres de la noche y justo ahí, en medio de la música, de la algarabía y de la multitud, ellos se encuentran con la mirada. Esta escena puede pasar desapercibida si no se conocen bien las circunstancias que la rodean. Ella es una joven que pertenece a una familia con un reconocimiento social bastante bajo y él es un señor importante, extremadamente rico. Mirarse como ellos se miran en una sociedad tan rígida y encorsetada como aquella es un acto revolucionario. Elizabeth, si hubiera sido descubierta, habría sido tachada de coqueta, incluso de aprovechada, y él hubiera perdido toda su reputación porque los caballeros no debían dejarse llevar por emociones y, mucho menos, en público.

Además, será en ese baile donde tendrán su primera conversación. Una charla nada amigable en la que Elizabeth se muestra como la mujer valiente e inteligente que es y Darcy no puede ocultar su asombro. Una mujer en aquellos tiempos debía ser un perfecto florero, sin ideas propias. Una mujer que leía era considerada peligrosa y Elizabeth leía.  

Segunda escena: Darcy toma la mano de Elizabeth

Fotograma de 'Orgullo y prejuicio' (2005) de Joe Wright.
Fotograma de Orgullo y prejuicio (2005) de Joe Wright.

Tras una serie de circunstancias que no viene al caso referir, Elizabeth vuelve a su casa después de haber estado alojada en Netherfield Park, la mansión del mejor amigo del señor Darcy. Bajo mi punto de vista, esta escena es la mejor escena de la película. Es atracción, pasión y sentimientos sin necesidad de mediar palabras.

Darcy ayuda a Elizabeth a subir al carruaje y ahí se produce la magia. Él, un caballero tímido y orgulloso, toma la iniciativa y se lanza a dar la mano a una dama. Y lo hace sin guante, piel con piel, con la familia de ella delante. Tomar la mano desnuda de una joven era toda una declaración de intenciones, sus miradas lo dicen todo.

Darcy recupera como puede la compostura y se da media vuelta por miedo a mostrarse demasiado vulnerable. De camino al interior, podemos ver cómo sus dedos se estiran intentado canalizar la energía que ha sentido al tocar su mano, puede que incluso arrepintiéndose por estar empezando a enamorarse de alguien que, a ojos de la sociedad, no le conviene en absoluto.

Tercera escena: la discusión bajo la lluvia

Fotograma de 'Orgullo y prejuicio' (2005) de Joe Wright.
Fotograma de Orgullo y prejuicio (2005) de Joe Wright.

Darcy se declara a Elizabeth en plena tormenta. Y no, los caballeros, por más que nos hayan contado cuentos, no se declaraban. Ellos tenían el destino escrito y estaban prometidos desde niños con alguien de su misma condición para preservar su patrimonio mercantilizando así el matrimonio.

Es cierto que la declaración se convierte en discusión y que la conversación sube de tono. Darcy pierde los papeles y Elizabeth se enfurece. Otro acto más de rebeldía por su parte. Una mujer nunca decía que no si un hombre le manifestaba sus intenciones y mucho menos si lo hacía alguien como Darcy. Pero esa proposición era algo totalmente remoto de conseguir por alguien como Elizabeth, no olvidemos que las clases sociales estaban por encima de todo y de todos. Aun así, las miradas y los gestos se suceden en una cadencia perfecta con la lluvia y los truenos. Es la máxima representación de la popular expresión “quiero y no puedo”.

Cuarta escena: la brecha empieza a abrirse

Fotograma de 'Orgullo y prejuicio' (2005) de Joe Wright.
Fotograma de Orgullo y prejuicio (2005) de Joe Wright.

Elizabeth se encuentra de viaje con sus tíos y visitan Pemberly, la mansión del señor Darcy. Allí se produce un inesperado encuentro entre ambos. La tensión es más que evidente y la conversación resulta algo torpe. Ya conocemos los sentimientos de él, pero empezamos a ver en ella algo parecido al desasosiego. Se emociona al contemplar su busto y, por primera vez en toda la película, Elizabeth no sabe qué decir cuando habla con Darcy.

Un detalle exquisito es el vestuario. El traje de Darcy y el vestido de Elizabeth hablan por sí solos. Tanto ella como él visten tonalidades más claras que las que acostumbran. Una manera muy sutil de decirle al espectador que sus caracteres se están domando, que él está dejando a un lado su orgullo y ella sus prejuicios, y que empiezan a ser verdaderamente conscientes de lo que sienten. La escena termina de forma magistral enfocando a la mano de Darcy. Esta vez luce relajada, quizá triste, al recibir una negación cuando plantea la posibilidad de acompañar a Elizabeth al pueblo.

Quinta escena: el preludio

Fotograma de 'Orgullo y prejuicio' (2005) de Joe Wright.
Fotograma de Orgullo y prejuicio (2005) de Joe Wright.

Darcy y su amigo, el señor Bingley, aparecen por sorpresa en casa de los Bennet. Las miradas que se intercambian Darcy y Elizabeth están llenas de significado. En este punto de la historia, ambos saben lo que sienten, pero no es en absoluto fácil confesarlo. Él es un hombre enamorado, también rechazado, y no quiere molestar a Elizabeth diciendo de nuevo todo lo que siente estando dispuesto a dejarlo pasar. Ella es una mujer enamorada, pero mujer al fin y al cabo y eso en aquella época significaba no poder tomar la iniciativa. Hay que fijarse en esos pasos atropellados que da Elizabeth cuando ve que se marchan intentando retener a Darcy un minuto más.

Sexta escena: la rendición

Fotograma de 'Orgullo y prejuicio' (2005) de Joe Wright.
Fotograma de Orgullo y prejuicio (2005) de Joe Wright.

Todo lo que sucede desde que Darcy aparece entre la niebla es una obra de arte. Su declaración de amor es una de las más bellas de la historia de la literatura y la interpretación de Matthew Macfadyen es sobresaliente. Se declara y lo hace como solo él podía hacerlo: de forma lenta, pausada, emocionada, ahogada. Llena de amor, en resumen. Y ella recibe su declaración con una sonrisa velada. Sabiendo que se casará como ella siempre ha querido: por amor y no por intereses económicos.

Y llega el momento: ella se acerca, le toma la mano para sentir su piel y decide besar sus dedos para dejar claro lo que siente sin necesidad de hablar. Juntan sus cabezas rendidos ante la evidencia y el sol se cuela haciendo un claro paralelismo: el nuevo día comienza, así como una nueva vida para ellos.

¿Y el beso?

Esa es la pregunta que se hace todo el mundo después de ver esta película. Si bien es cierto que en la versión que se distribuyó en DVD se incluye un final alternativo donde se ve lo que puede ser su noche de bodas, la cinta en su versión comercial no cuenta con tal gesto. Pero ¿después de todo lo que habéis leído es necesario ver cómo sellan su amor con un beso? Los gestos, las miradas y la pasión que hay en cada segundo de la historia suplen con creces la ausencia hasta llegar a ser imperceptible.

Qué mejor que dar un nuevo visionado a esta película para entender todas esas escenas a las que, a lo mejor, no diste mucha importancia, pero, en realidad, eran cruciales. Quizá ahora sea un buen momento: plataformas como Netflix la han vuelto a incluir en su catálogo. Cualquier día es un buen día para ver cómo Elizabeth “embruja en cuerpo y alma” al señor Darcy.

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