Por Andrea Mª Pardo Lorenzo y Diego Simón

Una de las mayores estrellas del pop nos transporta a un universo nostálgico y narrativo a través de íntimas melodías

La falta de inspiración es el mayor reto creativo para los artistas que se agravó durante la etapa de confinamiento. Pero no ha sido así para Taylor Swift. El viernes pasado publicó por sorpresa su octavo álbum: folklore. El aislamiento le ayudó a crear su proyecto más maduro y experimental, pero también el más arriesgado comercialmente por la falta de promoción y, sobre todo, el cambio de género musical que nadie esperaba.

A lo largo de las 16 canciones de la estadounidense, nos adentramos en sonidos melódicos y alternativos muy alejados de su versión más pop visible en éxitos como Shake It Off o Look What You Made Me Do. Tampoco se parece a la “old Taylor” que cantaba country y escribía letras dramáticas sobre sus relaciones amorosas. En folklore seguimos disfrutando de su preciosa mano con las palabras y la narrativa, pero descubrimos un universo diferente donde conviven las metáforas, la melancolía y la mezcla entre ficción y realidad.

Además, en sus redes sociales comentó que las composiciones de este álbum dejan de estar únicamente ligadas a su vida personal para desplegar las alas de su imaginación. De esta manera, las canciones nacen de sentimientos en forma de imágenes que se convierten en historias que bien podrían integrar toda una colección cinematográfica. Pero hay otra novedad: la producción apuesta por música más acústica de piano y guitarra que ayuda a envolver con delicadeza todo el disco.

La propia Taylor describe el concepto de su nuevo trabajo en el videoclip de cardigan: un piano antiguo, una chimenea encendida, una casa de madera, un océano de caos, un paraje encantado… En resumen, una ambientación otoñal, acogedora y tranquila que nos transporta a lugares fantásticos o nos hace sentir solos y en peligro, aunque al final la música siempre está presente en forma de salvavidas para ayudarnos a escapar. Ese es el objetivo de folklore: contar cuentos en canciones. A continuación, analizamos brevemente nuestras diez composiciones favoritas agrupadas por temáticas.

El triángulo amoroso adolescente

Taylor anunció el día del estreno que folklore incluye tres canciones que forman parte de una misma historia de amor. Aunque cada una está narrada desde la perspectiva de un personaje diferente, todas tienen en común algunos paralelismos en la letra. Además, son las producciones más animadas y con mayor ritmo del disco. La primera de ellas, cardigan, mezcla una crítica social contra los escépticos hacia la inteligencia de los jóvenes con el amor que Betty siente hacia su amado. Sin embargo, aparece otro sujeto que consigue destruir su relación que, finalmente, solo podrá salvarse si él vuelve a buscarla.

La infidelidad se refuerza en august, donde la tercera involucrada reconoce que el corazón del chico nunca le había pertenecido. No era más que una aventura de verano prohibida, un error adolescente por falta de experiencia… o al menos así se exculpa el chico en betty, el tema más cercano a los inicios country de Swift. Parece que el joven de 17 años está profundamente arrepentido y enamorado, pues asegura soñar continuamente con su reencuentro. Al final, se presenta a una fiesta de Betty, salen a dar un paseo en coche y vuelven a besarse parados en una farola. ¿No os parece un final de película? Nosotros esperamos impacientes la adaptación cinematográfica. 

Misoginia

Tras el lanzamiento de The Man con su anterior álbum, Taylor Swift sigue explorando su lado más reivindicativo con temas como the last great american dynasty y mad woman. En concreto, esta última es una canción temática y musicalmente oscura con importante presencia de la percusión, los instrumentos de cuerda y coros que ayudan a sumergirte en su dinámica. La voz soplada y en un registro singularmente bajo durante las estrofas narra la historia de una mujer tildada de loca por haber intentado librarse del halo de opresión infligido por su marido.

Por otro lado, the last great american dynasty reescribe la historia de Rebeka Harkness (1915-1982), una compositora y artista que gracias a su matrimonio con William (Bill) Hale Harkness se convirtió en una de las mujeres más adineradas de Estados Unidos. Asimismo, ella y Taylor tienen en común la mansión “Holiday House” situada en Rhode Island, comprada por la cantante en 2015. La composición relaciona sus vidas para meditar como, tras más de 50 años, sus historias siguen registrando la misma misoginia que culpa a sus acciones y vivencias de toda la maldad que las rodea.

Reencuentro entre las cenizas

Uno de los temas que más ha llamado la atención del público es su colaboración con Bon Iver, exile: un canto al amor y al desamor de una pareja que, tras su ruptura, se encuentran para darse cuenta de que, aun queriéndose, su historia no puede funcionar. En él encontramos una conversación donde la voz grave y porosa de Justin Vernon reflexiona sobre cómo superar el dolor que provoca seguir adelante habiendo perdido su ancla, mientras la voz aguda y dulce de Taylor remarca la imposibilidad de continuar una relación perforada por tantas grietas. Musicalmente dominada por una base de piano, violines y ecos en la que destaca la contraposición de ambas voces, la canción se convierte en su mejor colaboración hasta el momento. 

Para Taylor, la quinta canción de sus discos siempre es una de las más emocionales. En este caso, el puesto le pertenece a la siniestra y oscura my tears ricochet, escrita únicamente por ella. Quizás es el tema más difícil de descifrar, y ese es precisamente uno de sus puntos fuertes. Aun así, sabemos que describe a “un atormentador amargado que aparece en el funeral de su objeto de obsesión”, tal y como explicó la artista. Puede que haga referencia a su anterior discográfica, a la que culparía de vivir un infierno por su culpa. La producción también refuerza esta ambientación fantasmal con la voz de fondo de Jack Antonoff, uno de los grandes compañeros profesionales de Swift. 

Recuerdos de la infancia

En seven, Taylor se deja llevar por la nostalgia hacia una amistad de la infancia que guarda con cariño, aunque recuerde menos cosas de las que le gustaría. La letra viaja en el tiempo y combina su perspectiva en presente con la niña inocente de siete años que solucionaba los problemas disfrazándose de pirata y viajando a lugares desconocidos. Es una canción melancólica y muy tierna con la que es fácil emocionarse o, incluso, sentirse identificado.

Infidelidad

Aunque la cantante ya trató este tema 16 años atrás en su primer álbum, illicit affairs muestra una visión más adulta y compleja. La canción ilustra la necesidad de esconder y mantener en secreto los actos ilícitos, aunque después la mentira y el dolor vayan a multiplicarse. Una relación clandestina y enfermiza que viven apasionadamente y creen tener bajo control, pero que lo destruye todo un millón de veces

Despedida

epiphany es sin duda una de las composiciones más arriesgadas y personales. Una canción etérea, en un registro agudo, con un ritmo lento y notas alargadas donde la melodía comienza 30 segundos tras darle al play. Así, Taylor consigue crear una atmósfera angelical para acompañar a una letra convertida en oda a todos los héroes anónimos en la pandemia de la COVID-19. De esta forma, compara el anhelo de paz en un mundo de caos y violencia que comparten los sanitarios y otros profesionales con los sentimientos de soldados como su abuelo.

Puede que este disco solo sea otro intento desesperado de una obsesionada con los premios por llamar la atención de las altas esferas y ganar en un páramo menos competitivo. Lo que no se puede discutir es que se ha vuelto uno de sus discos mejor valorado por crítica y público consiguiendo más de 160 millones de reproducciones en distintas plataformas durante sus primeras 24 horas, convirtiéndose en el segundo álbum con mejor debut en Spotify de la historia. Con todo, si algo intenta transmitir esta nueva versión de Taylor Swift, es que antes de juzgarla debes escuchar el álbum completo para ser partícipe de su evolución como la increíble artista que es.