Carlos Catena debuta como novelista con Tan tonta, una brillante obra que analiza locuras plausibles y miradas indiscretas al estilo del cuento gótico

Si bien el periodismo se encarga de lo extraordinario, la literatura (al menos la buena) trata lo ordinario. Esto es posible gracias a una simple cuestión de repetición: gran parte de los elementos cotidianos son fascinantes bajo la mirada aislante del microscopio, pero la repetición diaria somete la mirada a un proceso diminutivo y convierte aquella fascinación del día a día en mera indiferencia. La buena literatura es un microscopio.

La gran virtud de Tan tonta (La Caja Books, 2023), de Carlos Catena Cózar (1995), es que no necesita recurrir a hechos extraordinarios para crear una novela de fantasmas al más puro estilo Henry James. Carlos se encarga de ofrecer pruebas empíricas de que la psicología humana, mirada muy de cerca, con microscopio, también crea monstruos reales. El autor evidencia que el pasado crea fantasmas que están más vivos que tú y que yo.

Carlos Catena se ha proclamado, a su corta edad, como una de las voces más relevantes de la literatura española joven. Sin embargo, su obra siempre ha estado ligada al formato poético (Los días hábiles, XXXIV Premio Hiperión de Poesía), nunca al novelesco. En esta ópera prima en la novela, se ayuda de experiencias personales para dibujar una trama original donde lo poético está camuflado y, no obstante, sigue trabajando para los intereses de la obra literaria.

Carlos Catena en la presentación de Tan tonta en la librería Tipos Infames de Madrid, a 26 de octubre.

Esta chica es, en efecto, una chica joven que está un poco perdida en la vida y que llega a Dublín para ejercer de au pair. Como vemos, ya la trama nos ubica en los lugares comunes de una generación que ha recurrido mucho a esta suerte de auto-exilio como forma de búsqueda de sustento, pero también como forma de ruptura con la abulia. Nos situamos en ese tipo de emigración que no nace de una gran necesidad material. Más bien nace, quizás, de un requerimiento vital.

De lo que va la trama y lo que da a entender

La joven española da a parar en una casa con un hombre viudo y su hijo. La pluma de Carlos se sirve con sutileza de las ambigüedades de la primera persona, pues sabe que lo que se deja de decir significa tanto como lo que se dice. También sabe que no cuenta con la exigencia estilística de ofrecer un retrato realista de los hechos como sería, quizás, en el caso de utilizar un narrador presuntamente omnisciente en tercera persona. 

Tenemos, entonces, una invitación para escuchar los pensamientos de la joven, quien discurre de forma ciertamente obsesiva (pero una clase de obsesión muy común, muy plausible) acerca de su relación con los miembros de la casa y del tipo de experiencia que quiere alcanzar durante su estancia en Dublín. Personajes como su tía o la chica polaca que limpia la casa desempeñan el papel de guías que van moldeando su conciencia en un sentido que no ofrece forma, sino duda y desconcierto. El resultado: una trama bien narrada llena de sutilezas que conduce a una locura ordinaria y realista.

Portada de Tan tonta. (lacajabooks.com)

Ahora bien, aunque la novela tiene una trama escrita con soltura que consta de buen ritmo, también cabe señalar que pasar, lo que es pasar, pasan pocas cosas. Mucho de lo importante tiene lugar en un tiempo que no es simultáneo al de la narración. Por otra parte, el pensamiento de la chica es una acción en sí, pero tampoco se puede pedir que en la cabeza de una persona ocurran cosas como en otro tipo de novelas más dedicadas al entretenimiento directo. 

Algún que otro lector podría opinar que ciertos tramos de la novela le resultan algo lentos, pero no lo haría con mucho fundamento. Es decir, si bien existen momentos en los que la trama se ralentiza, todo está orientado a la brillante disertación acerca de la percepción de la sexualidad en la infancia. Carlos desborda los límites entre la ternura y lo erótico para crear otra cosa un poco más complicada e interesante. Porque en eso consiste la buena literatura: mirar y remirar las cosas del día a día como quien repite una misma palabra que ya tiene aprehendida hasta quitarle su sentido y, acto seguido, volver a darle un sentido concienzudo.

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