Por Ángel Gómez-Lobo y Alejandro Hortal

Un puñado de obras contemporáneas para reconciliarse con el hijo del blues 

Parecen tiempos oscuros para los amantes de las guitarras eléctricas distorsionadas y los ritmos de batería frenéticos: en las radios convencionales, en las playlists de Spotify y en los locales de fiesta el reggaeton ha alcanzado una hegemonía total. Todo parece indicar que, en cuestión de años, el rock terminará por separarse totalmente del mainstream para acurrucarse al lado del jazz, el blues y otros géneros minoritarios.

Con todo, y aunque sin duda se pueda hablar de un descenso de la popularidad del género, de ninguna manera estamos viviendo un descenso en la calidad de la música rock que se está haciendo actualmente. Tanto si eres un pureta nostálgico como si nunca has sentido una gran afinidad con el género, te presentamos 10 álbumes de gran calidad publicados la década pasada que muestran cómo la música de Elvis y de Led Zeppelin se mantiene viva y fresca. 

My Head is an Animal de Of Monsters and Men (2012)

El rock tiene tantas variantes que no hay dedos para contarlas. Hay que admitir que muchas veces olvidamos que la dureza no siempre es el timbre que necesita una banda para alzarse como estrellas del rock. Los islandeses de Of Monsters and Men no se caracterizan por la fuerza, sino por todo lo contario. Y es que a veces, las baladas minimalistas o las canciones a la naturaleza bastan para hacer de un disco un discazo del rock.

My Head is an Animal es pura naturaleza. Un canto a la misma, simplemente. Un disco poblado de fantasía y con raíces profundas en la música folclórica celta del norte de Europa. Una oda a dos voces, que eleva a los dos cantantes (mujer y hombre) por encima de una banda de sonidos variados. El primer disco de Of Monsters and Men es un disco intimista; un espacio para el intimismo y el buen rollito. Una depuración, por así decirlo, de la “suciedad” a la que el rock nos tiene acostumbrados. Tan solo es una cueva en la que recogerse un día de lluvia, porque te calienta y se está cómodo.

AM de Arctic Monkeys (2013)

Este álbum es, por mérito propio, el más conocido de entre todos los mencionados en el presente artículo. De hecho, AM es un clásico moderno y todo un punto de inflexión para el grupo de Sheffield, que alcanzó su pico de popularidad más pronunciado con este trabajo casi perfecto de rock alternativo. A lo largo de las 12 canciones que componen el largo, los Arctic Monkeys desarrollan el sonido oscuro que caracterizó anteriores trabajos como Humbug (2009) y lo hacen accesible para el gran público. De este modo, consiguieron crear un disco único y fresco que puede sonar, sin desentonar, en pequeños clubs y en grandes salas de conciertos

En este álbum encontramos riffs memorables como los de Do I Wanna Know? R U Mine?, y un groove garajero muy marcado (y hasta sexy) que encaja a la perfección con las letras de Alex Turner, que en este momento estaba pasando por su etapa de chico malo y vestía con chaquetas de cuero y gafas de sol. Pero no todo lo que rodea este LP es perfecto: AM cuenta con numerosos detractores, al tratarse del disco más comercial de los monos árticos. Nosotros nos quedamos con lo bueno: con los increíbles coros de Snap Out Of It, con lo que significó para una generación entera y con su maravillosa portada el equivalente contemporáneo al logo de Nirvana o Los Ramones. 

I’m in Your Mind Fuzz de King Gizzard & The Lizard Wizard (2014) 

Se podría dedicar un artículo entero a la banda australiana King Gizzard & The Lizard Wizard, no solo porque se trate de una de las formaciones más creativas y prolíficas de la última década (han sacado 19 álbumes en 11 años), sino porque se conforma como un proyecto en continua construcción con unos miembros que no tienen miedo de arriesgarse con numerosos estilos, de regalar los derechos de un álbum o de publicar sesiones de improvisación. El presente disco, I’m in Your Mind Fuzz, es el quinto largo de la extravagante banda de Melbourne, pero es la primera obra “convencional” que llevaron a cabo. Esto quiere decir que, hasta entonces, los músicos no habían llevado a cabo una rutina de composición y ensayo para realizar sus trabajos: Eyes Like The Sky (2013) y Oddments (2014), por ejemplo, surgieron en base a ideas básicas que se completaban en el estudio de grabación. 

I’m in Your Mind Fuzz es un potente disco de rock psicodélico que, salvo algunas pequeñas intervenciones del cantante Stu Mackenzie, se proyecta como un viaje sonoro instrumental con hipnotizantes guitarras y elaborados cambios de dinámica que habla sobre el control mental. Se trata del álbum perfecto para introducirse en la vasta discografía del grupo, y para perderse en los evocadores parajes de la psicodelia. 

Royal Blood de Royal Blood (2014)

En las anteriores líneas hemos hablado de la importancia de AM y de su legado. Pues bien, esta joya perpetrada únicamente por dos músicos, Mike Kerr y Ben Thatcher, bebe del garajeo oscuro de los Arctic Monkeys y lo eleva a la enésima potencia. ¿Y cómo lo hace? Eliminando de su sonido todos los detalles inservibles, apostando por un groove minimalista y a la vez crudo que hace que esta banda conformada solo por un bajo y una batería suene como un vendaval capaz de hacer retumbar estadios. 

En el álbum debut de Royal Blood no vas a encontrar una exploración creativa del sonido ni la superposición de numerosas texturas, sino una propuesta tan moderna que parece clásica, un grunge posmoderno y efectivo que te hará agitar la cabeza mientras lo escuchas

The Weird And Wonderful Marmozets de Marmozets (2014)

El título del álbum debut de esta banda inglesa no podría ser más adecuado: los extraños y maravillosos Marmozets presentaron en este LP su particular visión del post-hardcore y el math-rock, dando lugar a canciones con una cierta complejidad técnica pasadas por un filtro pop que les aporta frescura y atractivo. En este sonido encontramos a unos Paramore con el talento y las inquietudes de los mejores At The Drive In o The Fall of Troy: acompañando a la voz de Becca Macintyre (a veces dulce, a veces desgarradora, siempre potente), tenemos unas guitarras inquietas que no vacilan a la hora de completar las canciones con complejos tappings

El logro de Marmozets es el de tratar de hacer accesible y masiva la fórmula del post-hardcore y el post-rock que,  pese a la importancia que está teniendo en la escena alternativa, pasa un poco desapercibida ante el gran público. Si nombres como Toe, Explosions In The Sky o Totorro te suenan a chino, Marmozets son un gran billete de entrada a su sonido. 

Anthem Of The Peaceful Army de Greta Van Fleet (2018)

Greta Van Fleet es la prueba viviente de que el rock no está muerto, sino que una vez más vive para reinventarse a sí mismo. Los sonidos famélicos y los agudos de Led Zeppelin reinterpretados por esta banda americana, que sustituye la idiosincrasia nórdica de Jimmy Page, Robert Plant y compañía por una nueva imagen que reivindica la figura del nativo americano en su máxima expresión a través de sus guitarras y riffs, un fundido de teclados y batería que termina en una gran explosión que, ante todo, quiere ser (y consigue sentirte) salvaje.

Tras su primer doble EP From The Fires, Greta Van Fleet trajo su primer álbum de estudio Anthem Of The Peaceful Army, que consigue trasladarte a las noches desérticas del Mojave de Arizona. Si bien su musicalidad no dista mucho del hard rock más clásico, su aire hippie sirve de decorado magnifico para que la voz de su cantante, Josh Kizska, te haga viajar por un mundo mágico y espiritual, plagado de una resignificación de los sonidos de las décadas de lo 60 y 70. Una mezcla perfecta entre el garajeo más sucio y las guitarras limpias que recuerdan a la música de acampada en torno a una gran hoguera, con cuentos de monstruos, brujas y naturaleza.

Flow State de Tash Sultana (2018)

El mundo del rock masivo todavía no ha conseguido demostrar que en él hay un espacio sobradamente grande para la figura femenina. Es la verdad. Ha llegado el momento de que se alce, no como musa, sino como artista. Tash Sultana rompe con la hegemonía del macho y se abre paso como la mujer con más talento del mundo del rock. Desde la remota Australia, esta mujer ha llegado para quedarse. Y es que esta artista no solo canta o toca la guitarra, sino que prácticamente se convierte en la mezcla perfecta entre banda y DJ actual.

Flow State, su primer disco, ha reventado la industria a través de su psicodelia desenfrenada, que poco tiene que envidiar a los viejos Pink FloydEste álbum es la nave nodriza de Tash Sultana, en la que no solo lleva los mandos, sino que tiene todo el control. Los avances tecnológicos en el campo de la música son apéndices de su cuerpo. Con tan solo una pequeña mesa de mezclas es capaz de convertirse en cantante, guitarrista principal y batería en el escenario. Sus directos se convierten en un espacio íntimo entre la artista y sus fans. Su música te traslada a un nuevo espacio mental que se rige bajo su mandato magnánimo. Un derroche de talento al que todos deberían dejar un hueco en su lista de reproducción.

Technology de DON BROCO (2018)

Aunque nadie se lo creía (o lo quería creer), el trap llegó la década pasada para quedarse. Salió de los guetos y los barrios conflictivos donde se supone que se localiza para caer en los tentáculos del mainstream y de la cultura de masas. La denominada como “cultura urbana” se ha apoderado de la mayoría de los productos de consumo, y ha pasado de ser una filosofía de vida a una simple corriente estética que ha puesto de moda de nuevo ropa ancha y los sombreros de pescador (gracias de nuevo, capitalismo). El rock, otrora adalid de la “contracultura”, pese a su reticencia, también se ha visto impregnado por esta corriente, y de aquí surge DON BROCO: para mí, unos divertidísimos “Post Malone con guitarras”

DON BROCO (sí, en mayúsculas) nos ofrece en su segundo LP una propuesta fresca y accesible con sonidos electrónicos, melodías heredadas del Bring Me The Horizon más comercial y líneas vocales pegadizas. Sin duda, el grupo inglés ha sabido readaptar la oscura fórmula del post-hardcore y presentarnos una obra sólida carente de pretensiones que muestra que el rock también puede ser desenfadado. Oiremos grandes cosas de de ellos, seguro. 

The Balance de Catfish and the Bottlemen (2019)

El indie es la revitalización del rock del siglo XXI. Ya hemos mencionado el AM de los Arctic Monkeys que, sin duda alguna, puede estar fácilmente en el número uno del podio en cuanto a grandes discos (y más accesibles) del rock del siglo XXI. La aparición de los Arctic Monkeys o The Strokes impulsaron la nueva ola del indie durante la primera década de los 2000. Como hijos de esta, apareció Catfish and the Bottlemen. Sonidos nuevos, que no se rigen necesariamente a nada de lo ya escuchado.

El tercer álbum de la banda británica lleva por nombre The Balance, que consigue depurar el sonido que sus dos álbumes anteriores había conseguido lanzar a Catfish al estrellato. No innova en un sentido estricto, pero tampoco lo necesita. Catfish and the Bottlemen buscan envolverte a través de sus cañeras canciones, pero también mediante sus baladas tranquilas. Y es que “envolvente” es el mejor de los adjetivos para definir el sonido de esta banda, ya que viajan desde el muteo de la cuerda más marcado hasta una libertad absoluta del sonido de la guitarra acústica. Una mezcla de sonidos de los más personal, que no tiene parangón en toda la escena indie angloparlante. Además, su puesta en escena sobria, pero justa, compensa a la perfección la fiereza que la banda desprende en el escenario. Ya lo dice el disco: un balance perfecto.

The New Abnormal de The Strokes (2020)

Quizá The New Abnormal llegase un poco tarde. Vale, sí: 2020 no es estrictamente la década del 2010… Este disco se queda justo, pero podríamos pensar que es el broche de oro a una década de grandes discos del rock. La banda número uno del rock del siglo XXI no puede ser otra que The Strokes.

Si hay algo que casi todos los grupos indie cumplen es la línea de su trayectoria. Un par de discos con un estilo personal, y al cuarto o quinto tomar un camino a la exploración electrónica, al estilo Arcade Fire. Porque sí: casi todos los grupos indie, por algún motivo, quieren ser Arcade Fire llegado el momento. No siempre sale bien, por no decir que nunca lo hace; pero es una apuesta por una nueva música renovadora que de una vuelta de 180 grados a sus carreras. Arriesgarse en buscar la novedad, la originalidad. El indie es uno de los géneros más criticados por los puretas del rock, pues lo consideran mainstream, accesible para el común del pueblo, y para ellos eso pervierte la esencia del rock. Un pensamiento romántico, sin duda, pero alejado de la realidad. Pocos subgéneros dentro del rock son más variados y personales de lo que lo es el indie. Asimilar que el rock no es, o mejor dicho, no debe ser comercial (como otros géneros), es el gran error del género y sus músicos.

El rock es un movimiento de masas, y lo es desde antes de que Elvis Presley pusiera un pie en Las Vegas. Es un género con casi cien años de historia y no menos cambios de paradigma. Pero es justo lo que reza la carátula del último disco de The Strokes en la esquina inferior derecha: “Para morir”. Una ida de olla, psicodélica, aunque quizá no tan dramáticamente lejana como en sus últimos álbumes. El fin de una década, y el comienzo de una nueva que, para sorpresa de todos, ha empezado de una forma inesperada. Guitarras, sí, pero también organillos, teclados y sintetizadores que le dan el toque espacial que necesitaba. Una mirada al futuro, en todos los sentidos, que es justo lo que todo género en decadencia necesita. Este artículo muestra que el rock no ha muerto, pero evoluciona e involuciona como quiere y cuando quiere, porque es música, y la música está viva.

Para animarte a adentrarte en estos álbumes, hemos preparado una playlist con varios temas de cada disco. En Discordia, ¡no podemos ponértelo más fácil!

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